ABANDONA ESA PESADA CARGA

pESO DE POECADO

ABANDONA ESA PESADA CARGA

Por tanto, nosotros también, teniendo a nuestro alrededor una nube tan grande de testigos, despojémonos de toda carga y peso de pecado que tan fácilmente nos enreda y corramos con perseverancia la carrera que tenemos por delante, Hebreos 12:1.

Porque mis iniquidades se han agravado sobre mi cabeza: como carga pesada se han agravado sobre mí, Salmos 38:4.

Hieden y supuras mis llagas, a causa de mi locura. Estoy encorvado, estoy humillado en gran manera, ando enlutado todo el día, Salmos 38:6.

Todo lo que vive hoy la humanidad es una pesada carga enraizada en la naturaleza mortal y pecaminosa que no quiere someterse a su Creador y Salvador, pero la palabra de Dios tiene poder para el cambio y ella misma nos lo explica en Salmos 38, mostrándonos una maravillosa radiografía del alma humana que hasta hoy sufre esclavitud a causa de alejamiento de Dios; al mismo tiempo, esta porción de la palabra es una maravillosa oración de alguien que reconoce al SEÑOR, se arrepiente y suplica perdón y liberación porque sabe que YHWH es el ÚNICO QUE SALVA; alguien verdaderamente arrepentido se da cuenta  del horrible peso del pecado y que debe decidirse a abandonar. Estudiemos juntos:

Vs. 1 YHWH no me reprendas en tu ira. Porque tus saetas cayeron sobre mí, y sobre mí ha descendido tu mano. El salmista sabe de antemano que su pecado trae una reprensión divina, y recibirá disciplina por eso. Se da cuenta que su Creador ha empezado a obrar en su vida y no se quedará quieto ni indiferente. Reconoce y enumera sus pecados haciendo una descripción precisa de las consecuencias de su falta de santidad, pero al mismo tiempo revela la manera de salir de esa miserable condición.

Esta es una hermosa porción que debemos aplicar HOY porque hemos desobedecido, hemos caído muy bajo haciendo nuestra propia voluntad, olvidando e ignorando que la paga del pecado es muerte, Romanos 6:23, y que cada uno es tentado y seducido de sus propias concupiscencias a causa de sus debilidades no entregadas al Creador, Santiago 1:14, y que por lo tanto la vida de pecado traerá consecuencias graves que el pecador pagará en vida y por la eternidad, si no hay arrepentimiento genuino.

Vs 2, Porque tus saetas cayeron sobre mí, y sobre mí ha descendido tu mano, Ceder al pecado hace que nuestra vida se convierta en una pesada carga imposible de llevar pero Dios  interviene con disciplina y dejándonos a nuestro arbitrio buscando así que reflexionemos y nos corrijamos. Nosotros escogemos, caemos y podemos arrepentirnos o excusarnos ante la gente dando muchas razones de la caída, pero a Dios no lo podemos engañar, Él conoce la profundidad de lo que hay en nuestro traicionero corazón y las verdaderas intenciones que nos han movido a resbalar, engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso: ¿Quién lo conocerá? Jeremías 17:9.

Dios nos escruta y examina hablándonos de muchas maneras, especialmente a través de su palabra, YO YHWH que escudriño la mente, que pruebo el corazón para dar a cada uno según su camino, según el fruto de sus obras, Jeremías 17:10. El método que Dios usa para convencernos de pecado y hacernos ver la vida miserable que llevamos está en su gran amor, también el Padre a través de su Espíritu nos redarguye y nos habla a través de la conciencia, cuando todavía no se ha encallecido a causa de la maldad, Juan 16:8, porque la palabra de Dios es viva y eficaz, Hebreos 4:12.

Vs 3, Nada hay sano en mi carne, a causa de tu ira, ni hay paz en mis huesos, a causa de mi pecado, El pecado no solo produce desorden moral, también enferma el cuerpo, roba la paz y trae consecuencias no solo en el alma, sino que afecta todo a nuestro alrededor. Cuando enfrentamos el pecado tal como Dios lo ve, es como si se produjera un terremoto o un Tzunamí en nuestra ser, se conmociona todo nuestro espíritu, y se nos aclara que realmente el pecado cobra muy caro, produciendo culpa en la mente, y estragos en el cuerpo y pérdida del alma no arrepentida.

Vs 4 Porque mis iniquidades se han agravado sobre mi cabeza, como carga pesada se ha agravado sobre mí. Lo primero que afecta el pecado es la mente, convulsionando nuestras ideas y pensamientos, produciendo inquietud a causa de iniquidades que traemos de las generaciones pasadas y que en nuestra ignorancia perpetuamos; nos inquietamos y quedamos fuera de las condiciones normales que Dios ha dispuesto para nuestra vida; todo esto es usado por Dios para hacernos reflexionar en las consecuencias funestas de haber cedido al pecado y la tentación, y que debíeramos habernos detenido antes de fallar al Dios santo manchando nuestras vestiduras con el mal oliente olor y suciedad del pecado. Eclesiastés 9:8-10.

La vida de pecado es una carga demasiado pesada que muchas veces no percibimos debido a la ceguera espiritual, el texto lo llama locura pero la gente sin Cristo, no lo puede ver ni aceptar como pecado, entonces vivimos en un ambiente que nos agobia, nos roba la paz, nos reduce la fe, nos llena de inseguridad y de temor y se vuelve insoportable debido al distanciamiento de la presencia de Dios, el enemigo nos oprime la conciencia, asaltando nuestra tranquilidad sin que logremos el verdadero descanso interior, muchas veces hasta perdemos el sueño y corremos de aquí para allá, sin encontrar una salida, Amos 2:13 y Proverbios 27:3.

Vs.5-7 Hieden y supuran mis llagas, a causa de mi locura. Estoy encorvado, estoy humillado en gran manera, ando enlutado todo el díaPorque mis lomos están llenos de ardor, y nada hay sano en mi carne. El pecado es como putrefacción ante la santidad de Dios; nos avergüenza por eso se esconde o se descara; la carga del pecado nos hace sentir miserables, sucios e indignos, nos enloquece, espiritualmente, exhala fetidez de obras muertas, porque se altera nuestro comportamiento salpicando e infectando de muchas formas el ambiente que nos rodea; si no buscamos ayuda en Dios, no podremos salir de esa condición tan deplorable y sus efectos nocivos; el pecado nos pone tristes como si estuviéramos de luto, lloramos sin saber porque, el alma está muerte por la ausencia de Dios en nuestros corazones. El pecado despide oscuridad pues la Luz del Santo está ausente y no podemos irradiar la claridad del amor ni la pureza. El corazón enfermo por el pecado es una llaga que exhala gran fetidez por ausencia de justicia al estar separados de la presencia refrescante de Dios, Éxodo 33:14.

Vivir en pecado es como llevar una carga de cardos y espinos que lastima el cuerpo y daña  el alma hasta tocar las entrañas, produciendo tal corrupción y contaminación que permea los huesos y brota al exterior contaminando la ruwda de la creación con dolor y terrores de guerra, angustia y desazón. Es tan profunda la marca del pecado que consume vidas y naciones enteras, y aunque nos recuperemos, nos levantemos y Dios nos perdone, quedarán las huellas. El pecado viene a ser como un virus o la contaminación por una bacteria letal, que deja secuelas horribles, en todo su trayecto y toma mucho tiempo volver a subir las alturas divinas de espiritualidad para caminar hombro a hombro con el Amado Señor y Salvador, se requiere consagración y pasión por Jesucristo, y sí que lo sé por la experiencia, Salmos 32:3-8.

Vs. 8-9, Estoy debilitado y molido en gran manera; gimo a causa de la conmoción de mi corazón. El pecado como la corrupción, avanza, deprime y destruye; trae desesperación y debilidad profunda, quedamos expuestos al malo y sin fuerzas para luchar ni seguir, el corazón se conmociona de dolor y angustia; el pecado nos hace sentir vulnerables e indefensos, a merced de la carne y atacados por las tinieblas, es una horrible expectación de imposibilidad, La vida de pecado nos consume, nos desgasta y nos derrumba, envejeciéndonos lentamente, sacando surcos y alejándonos del lugar donde Dios nos había puesto, y aunque tengamos sueños, solo nos llenamos de suspiros y melancolías con anhelos que parecen imposibles de alcanzar como lo dice el verso nueve, Salmos 119:83.

Vs, 10, Mi corazón está acongojado, me ha dejado mi vigor, y aún la luz de mis ojos me falta ya. El pecado nos hace vivir en congojas, abatidos, decaídos, amargados, airados y andando en oscuridad, aunque por momentos Dios nos permita estar contentos; el pecado envejece rápidamente desde adentro reflejándose afuera, la mirada y el brillo de nuestros ojos se opaca, por eso muchos no pueden ver con claridad lo mal que andan, tienen ceguera espiritual, no pueden discernir ni separar lo malo de lo bueno y están sin esperanza, Porque los ojos de los pecadores se consumirán y no tendrán refugio, su esperanza será dar su último suspiro, Job 11:20. Esa es la razón por la cual muchos pierden su valor moral, pero gracias sean dadas a Cristo, que si bien el pecado es demasiado pesado, tenemos al Redentor para salir de ahí y ser libres de nuevo, Juan 3:16.

Vs 11 al 17, En estos versículos se describe la calamidad social y relacional como consecuencia del pecado en la vida humana. Pareciera que todos lo notaran y nos vuelven la espalda y experimentamos que todos están distantes y nos olvidan. Sin embargo, pero Dios está ahi aguardándonos con su amor perdonador, Él nos ha dado formas de escape al pecado, cuando reaccionamos, confesamos el pecado, nos apartamos, lloramos y le damos la espalda a la maldad para seguir las pisadas del Maestro de Nazaret. Con Cristo finalmente hay una salida y su luz brilla en nuestro interior permitiébdonos volver los ojos al Padre, porque sabemos que Él responderá, nos limpiará, nos recibirá, nos salvará y nos dará otra oportunidad de cambio en nuestra vida.

Vs. 18, por tanto, confesaré mi maldad, y me entristeceré por mi pecado, Dios a través del salmista nos enseña que hay una salida para ser libres de la carga vil del pecado, y es la confesión; esto equivale a declarar completamente cada uno de nuestros pecados al Aquel que tiene poder para perdonar, limpiar y salvar, si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad, 1 Juan 1:9. La primera salida es reconocer y estar firmes para salir de ahí, confesar nuestras faltas a Dios, ponernos a los pies de la cruz para lavarnos en la sangre del Cordero de Dios y libres de la miseria condición del pecado, es algo que viví y experimenté hace algunos años, y créanme, que caer después de estar en las alturas, es lo peor que nos puede ocurrir, pero gracias sean dadas al Padre que nos dio a su Unigénito Libertador.

El Segundo aspecto para la liberación es el arrepentimiento, o contrición de corazón, el alma siente dolor por lo que ha hecho delante del Señor de la vida y deseamos ardientemente hacer un giro de 180 grados para darle la espalda a esa vida pesada y vergonzosa para rendirnos y consagrarnos a nuestro Hacedor.

Vs 15-22porque en Ti oh YHWH he esperado; Tú responderás Dios mío. En tercer lugar podemos experimentar la misericordia del Padre amoroso  Su provisión redentora, nos fortalece en su confianza; empezamos a odiar ese estilo de vida y reconocemos la salvación en Cristo, así el Padre en su bondad nos trata con amor y seguirá su proceso purificador en nosotros hasta el último día de nuestro peregrinaje terrenal, No me desampares, Oh YHWH: Dios mío, no te alejes de mí Apresúrate a ayudarme, o Señor de mi salvación, versos 21-22.

NO encubramos el pecado, confesémoslo, apartémonos de él y reconozcamos que el pecado no es algo liviano de llevar sino una pesada carga que hace la vida insoportable, como hijos de fe obediente al Creador, levantémonos, elevemos el rostro al Señor, busquemos su paz, seamos santos y fieles a la comunión e intimidad con Él: una forma de fallarle a Dios es abandonar el altar de la oración, la comunión con el Amado y no leer su palabra a diario, pero aunque no nos resulte fácil podremos lograrlo yendo continuamente a Aquel que santifica, fortalece y todo lo puede en nosotros y con nosotros, Romanos 7:15.

La vieja naturaleza es la cruz que debemos llevar y con la cual debemos lidiar cada día, pero la presencia y  la palabra de Dios son nuestro escudo y fortaleza para conducirnos a seguir en la batalla y ganar la guerra contra la impureza, Hemos vencido; porque mayor es el que está en nosotros, que el que está en el mundo, 1 Juan 4:4.

Cuando nos veamos enfrentados a la miseria del pecado, a las locuras del mundo y a la debilidad de nuestro cuerpo, lo mejor es entregar todo al Aquel que nos conoce muy bien y tiene el poder para limpiarnos y perdonarnos pues nos formó en el vientre de nuestra madre y nos dio vida; pidamos al Espíritu Santo que conquiste la totalidad de nuestra vida, que gobierne nuestro carácter, que venza nuestra debilidad y produzca en nosotros su maravilloso fruto, , busquemos en el Amado y su palabra la forma de escapar para seguir avanzando a la meta del supremo llamamiento en Cristo, agarrados de su poderosa diestra. Porque el que encubre sus pecados, no prosperará, pero el que los confiesa y se aparta, alcanzará la misericordia divina, Proverbios 28:13. Amén.

Mg. MEHC, hija del Dios vivo, real y verdadero y servidora de su reino.                                                                                                                                                                                                                                                                                          

LA RAZÓN DE TANTO PECADO Y MALDAD ES HABER ABANDONADO A DIOS

 

 

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