RENDIDOS A DIOS SE DESTRONA EL YO

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RENDIDOS A DIOS SE DESTRONA EL YO

Porque si viven conforme a la carne, morirán; pero si por el Espíritu hacen morir las obras de la carne, vivirán. Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, estos son hijos de Dios, Romanos 8:13-14.

Ríndase, reconozcan que YO SOY Dios; más alto que los pueblos, más alto que la tierra, Salmos 46:10.

Despójense del viejo hombre, que se corrompe según los deseos engañosos de la carne, Efesios 4:22b. Otra versión dice: tienen que abandonar su vieja naturaleza, que está podrida por los deseos engañosos de los sentidos.

En febrero de 2017 escribí acerca de la muerte que da vida, refiriéndome a la muerte que como hijos de Dios estamos obligados a darle al yo, al viejo ser humano que es nuestra vieja naturaleza caída, enumeré algunos aspectos de la vieja naturaleza que nos afectan negativa y mortalmente; hoy quiero ampliar este tema que resulta de gran importancia para hacer morir el yo-ego con la intervención del Espíritu Santo y el poder de la palabra, cuando realmente nos rendimos a Jesucristo y permitimos que el su Divino Espíritu sea nuestra guía y consejero personal, Porque si por el Espíritu hacen morir las obras de la carne, vivirán. Romanos 8:13b.

El infinito amor del Padre, el sacrificio de Cristo y la fidelidad del Espíritu Santo debieran mover a miles de personas para abandonar su estilo de vida esclavizadas a sí mismas. El Espíritu Santo es nuestro maximo aliado hacia la santidad, Él está representando maravillosamente al Dios vivo sobre toda la tierra habitando en nuestro interior, Él está presente en cada miembro del cuerpo de Cristo, la Iglesia o congregación de YHWH; el Divino Espíritu posee la fuerza y el poder celestial arrollador semejante al de una espada de dos filos unido al poder de la Palabra, para que podamos matar la carne de pecado del yo-ego y atravesar todo aquello que nos separe del Eterno. Recordemos que la espada representa muerte, pero a su vez, la muerte es la máxima revelación de vida y salvación que Cristo nos otorgó en la cruz, Juzgará al pobre con justicia, y fallará con equidad a favor de los afligidos de la tierra; Herirá la tierra con la vara de su boca, y con el soplo de sus labios matará al impío, Isaías 11:4b. Porque el que acoge a Cristo poseerá vida, pero el que le de la espalda, perecerá.

La tumba vacía será eternamente símbolo y recordatorio del gran triunfo de nuestro Señor Jesucristo sobre el enemigo, el pecado, el mundo y la carne; nos recuerda la victoria del Salvador pero también la nuestra, lo cual el enemigo odia con ferocidad, de ahí que como usó a Pedro intentando persuadir al Señor para que no fuera a la cruz, también nos sigue engañando con lo que le gusta a nuestro yo:-ego, Señor, ten compasión de ti mismo, Mateo 16:22, Y así como nuestro Redentor reprendió a satanás, también nosotros debemos reprender y crucificar nuestra vieja naturaleza caída, colgarla y hacerla morir en la cruz, del mismo modo que muere el grano de trigo para poder dar fruto, Juan 12:24.

Lamentablemente muchos seres humanos evaden la cruz, pero todos sabemos que debemos llevar nuestra cruz diariamente, y que radica en la muerte del yo y la sujeccion a Cristo, si deseamos seguirlo de cerca y ser personas nuevas, santas y diferentes que se renuevan y edifican a cada momento.  Muchos no reconocen que renunciar a sí mismos menguando al yo-ego, y entronar a Cristo en el corazón, es la única forma de tener plenitud de vida y llegar a una eternidad bienaventurada y gozar de una vida abundante mientras peregrinamos por este mundo, Mateo 16:24. Necesitamos humillarnos, rendirnos, entregarnos y someternos al Todopoderoso para morir definitivamente a ese ego traicionero y a ciertas cosas que nos impiden avanzar:

1. Morir al pecado, Nosotros que ya hemos muerto al pecado, ¿cómo viviremos aún en él? Romanos 6:2. Todo lo que es nacido de la carne está bajo maldición, toda nuestra naturaleza humana es mala y si la complacemos nos golpeará duramente porque la sentencia de muerte desde Adán está sobre toda la raza humana y la espada de fuego del Espíritu deberá destruir hasta el último vestigio de la vieja humanidad, antes que podamos entrar con nueva vida a disfrutar de las delicias del Paraíso divino. La obra del Espíritu Santo es acabar con nuestro estilo de vida del yo pecaminoso para santficarnos en Cristo y la palabra. Porque la palabra de Dios tiene vida y poder. Es más cortante que cualquier espada de dos filos, y penetra hasta lo más profundo del alma y del espíritu, hasta lo más íntimo de la persona; y somete a juicio los pensamientos y las intenciones del corazón, Hebreos 4:12.

La espada del Espíritu es la única que puede dar la estocada final a la vida del hombre natural que solo piensa en sí mismo y se destruye lentamente, razón de la destrucción de la raza humana por medio del diluvio donde solo ocho almas se salvaron; pasaron por las aguas simbolizando las aguas del Espíritu que limpian y hacen todo nuevo; así como el diluvio destruyó todo lo que estaba corrompido, el Creador envío su misericordia salvadora en la sangre de Cristo y dándonos de su Espíritu; y así como salvó la raza humana conservando la vida a un pequeño remanente de ocho personas, hoy Dios extiende su misericordia, para que ese remanente sea mayor en este tiempo, Le dijo el Eterno a Noé: He decidido terminar con toda la gente. Por su culpa hay mucha violencia en el mundo, así que voy a destruirlos a ellos y al mundo entero, Génesis 6:13. El diluvio fue la muerte y sepultura del putrefacto cuerpo de pecado en la carne corrupta de la raza humana que había llegado al extremo y colmo de la maldad y que tristemente hoy se repite. No esperen muchos que vengan los juicios y el fuego purificador, arrepiéntanse AHORA.

En muchas partes de la Escritura se habla de la necesidad de morir al yo-ego para tener una rendición total y absoluta al Salvador y estar bajo su divino gobierno; lo vemos en la petición al sacrificio del hijo de Abraham y los padecimientos de José, para ser promovido y coronado rey, Dios anhela nuestra santidad negándonos a nosotros mismos. Por otra parte, la muerte de los primogénitos egipcios, el cruce del mar Rojo y la destrucción del ejército de faraón es representacion del bautismo donde decidimos morir a la esclavitud del pecado y quedamos sepultados al dominio de la carne y andemos en vida nueva, Romanos 6:4 y Colosenses 2:12..

Todo esto nos revela la extraordinaria misericordia y amor de YHWH para purificar y salvar a los suyos a pesar de la maldad que nos rodee. Dios guarda la vida de sus santos en medio de la maldad y mortandad espiritual que pulula en el mundo, Dios sentenció a la destrucción a las ciudades de Sodoma y Gomorra, quemándolas hasta dejarlas hechas cenizas, para que sirvieran de ejemplo de lo que habría de suceder a los malvados. Pero libró a Lot, un hombre justo a quien lo afligía la vida viciosa de aquellos malvados, 2 Pedro 2:6-7.

La muerte al yo y la vieja naturaleza también la podemos ver en el pueblo de Israel antes de entrar a la tierra prometida, la generación adulta y rebelde murió en el desierto y una nueva generación pudo traspasar las puertas de la conquista al nuevo territorio. Con la muerte de Moisés y la sucesión en Josué el Eterno nos revela un supremo aspecto de la herencia moral más elevada que debe tener el pueblo que lo ama, lo sigue y le sirve, Sabemos que lo que antes éramos fue crucificado con Cristo, para que el cuerpo de pecado sea destruido y ya no sigamos siendo esclavos del pecado, porque el que ha muerto, ha sido justificado de pecado, Romanos 6:6-7.

Por otra parte, la circuncisión que no solo fue un pacto de consagracion a Dios, también representa cortar el pecado de nuestro corazon para morir a nuestros propios apetitos; toda la palabra del Señor nos habla de muerte y derramamiento de sangre para vida, por eso nuestro Gran Sumo Sacerdote se sacrificó y derramó su sangre, una vez y para siempre, dándonos ejemplo de morir al yo, el mundo y la carne, Porque según la ley, casi todo es purificado con sangre, y sin derramamiento de sangre no hay perdón de pecados, Hebreos 9:22. La mayor demostración de muerte para vida.

Hasta los tiempos de Jesús en el NT, la limpieza de un leproso, se confirmaba con la muerte de un ave esparciendo su sangre sobre las alas del ave compañera, estas formas de la ley nos revelan que nuestro Creador está interesado en limpiar no solo el corazón humano sino todo nuestro ser para hacernos sus amigos y compañeros en santidad y pureza; y lo que sucedía con la vaca bermeja que era quemada con su cuero escarlata representando lo oscuro del pecado, donde todo debía ser consumido por las llamas del fuego, así debemos morir a todo lo que nos separe de Abba Padre en las llamas purificadoras del Espíritu Santo, las aguas de la palabra y la sangre de Cristo, Y meteré la tercera parte de la tierra en el fuego, los refinaré como se refina la plata, y los probaré como se prueba el oro. Invocarán mi nombre, y YO les responderé y diré: Ellos son mi pueblo y dirán: El Señor es nuestro Dios, Zacarías 3:8-9.

2. Morir a hacer ídolos en las personas, Pero tengo contra ti que has dejado tu primer amor, Apocalipsis 2:4. Es tal la pecaminosidad de nuestra naturaleza humana, que muchos padres hacen de sus hijos inocentes ídolos; también con los cónyuges, y peor aún, con personajes del mundo, desplazando así a Dios con amor extralimitado sobre seres humanos; hay que darle muerte a esa clase de amor que es idolatria, nuestros hijos y seres amados también deben ser hijos de Dios y deben ser conservados para Cristo aprendiendo a amar Primeto a su Salvador y Creador, así como Él lo ordena en el Gran Mandamiento. Todo amor egoísta que supere el amor a Dios y lo saque de nuestra prioridad, debe ser destruido para darle lugar al amor incondicional de Dios, Él es nuestro primer y más grande amor que debe ocupar el lugar que le corresponde en nuestros corazones y nuestra vida, Deuteronomio 6:1-7.

3. Morir al afán de riquezas, Porque el amor al dinero es la raíz de todos los males, el cual codiciando algunos se extraviaron de la fe, y fueron traspasados de muchos dolores, 1 Timoteo 6:10, El amor al dinero por el solo gusto de atesorarlo y engrandecerse hace demasiado daño y abre camino a muchos males, no son las riquezas las que causan daño, es el desmedido afán por ellas; el Eterno no se fija en las dimensiones que atesoramos sino en el gran espacio que esas cosas ocupan en nuestra alma, esclavizándo y robando el tiempo y el afecto que le pertenece a Dios; tampoco debemos permitir que los hermanos en la congregación nos idealicen e idolatren, esos ídolos deben morir en nuestro corazón para que podamos ser libres y vivir para Dios y por Él, Esto es muy cierto. Si hemos muerto con Cristo, también viviremos con Él, 2 Timoteo 2:11.

4. Morir a la egolatría, Digo a todos ustedes que ninguno piense de sí mismo más de lo que debe pensar. Antes bien, cada uno piense de sí con moderación, según lo dones que Dios le haya dado junto con la fe, Romanos 12:3. Así como la vocal i tiene un pequeño punto que la eleva y resalta, así cada uno de nosotros tiene un pequeño punto de importancia representado en el interés propio y auto confianza que en la gran mayoría de los casos desplaza a nuestro Dios, lo cual se convierte en un rival contra Jesucristo y nos hace extraños al Espíritu Santo, robándonos y enganándonos a nosotros mismos. No vivimos para la auto complacencia, ni impongamos nuestra voluntad, tampoco tengamos apegos a nada ni a nadie, aunque suene extraño y duro, es la realidad en esta batalla contra la muerte del yo-ego, Y el mismo Dios de paz, los santifique por completo; y todo su ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo, 1 Tesalonicenses 5:23.

El Espíritu Santo como fuego santificador y la palabra como Espada de doble filo, espera la entrega de miles de personas para que se conviertan en hijos de Dios, para que dejen de estar presos y esclavos de su yo-ego soberbio, arrogante y autosuficiente; Dios anhela la muerte de nuestro yo y la destrucción de la vieja naturaleza que nos aleja de sus propósitos y nos impide ver su gloria: El Todopoderoso desea ardientemente acabar con todo aquello que lo desplaza a Él y nos aleja de su plenitud de vida, de su presencia y sus bendiciones, para que un día podamos entrar con libertad por la puerta estrecha que nos conducirá a la vida eterna, Y los que son de Cristo Jesús, ya han crucificado la naturaleza del hombre pecador junto con sus pasiones y malos deseos, Gálatas 5:24.

No esperemos los acontecimientos finales viviendo esclavos del yo, ni que estemos en la encerrona de Dios ni que perdamos lo que más amamos y atesoramos en el corazón; recordemos que la causa de la caída y ruina de Saúl fue su falta de disposición por no obedecer a Dios ni seguir sus divinas instrucciones, Saúl hizo la tarea a medias, a su acomodo y como le pareció mejor, se quedó con posesiones del enemigo complaciéndose a sí mismo, pretendiendo que lo hacia para Dios. Tomemos a Dios en serio, obedezcamos y sometámonos al Verbo, Él es la Palabra Viva, y su Espíritu la Espada que destruye todo mal, Porque obedecer es mejor que los sacrificios, y prestar atención es mejor que la grosura de los carneros, 1 Samuel 15:22.

Aquellos que tienen miedo a someterse a su Creador, padecerán cosas severas, pero los valientes que se complacen en obedecer para morir de una vez por todas a sì mismos, estemos atentos para mantener muerto al yo, y tomar la carga en Cristo que es ligera y más fácil de llevar, Acepten el yugo que YO les impongo, y aprendan de Mí, que SOY paciente y humilde de corazón; así encontrarán descanso, Porque el yugo que YO les pongo y la carga que les doy a llevar son ligeros, Mateo 11:29-30 Acuérdense de la mujer de Lot. El que trate de conservar su vida, la perderá; pero el que la pierda, la conservara, Lucas 17:32-33. Tendremos todo lo que deseamos en Dios, cuando nuestro yo permanezca crucificado y permanezcamos rendidos por completo a Cristo, pues Él desea darnos siempre  lo mejor Amén.

Mg. MEHC, hija del Dios vivo, real y verdadero y servidora de su reino eterno.

                                                                         

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