EL SACRIFICIO DE LA CRUZ DE CRISTO ALGO EXTRAORDINARIO Y SIN IGUAL

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EL SACRIFICIO DE LA CRUZ DE CRISTO

ALGO EXTRAORDINARIO Y SIN IGUAL

Todos los que me ven me escarnecen; estiran la boca, menean la cabeza, diciendo: Se encomendó a YHWH, que Él lo libre…Me han rodeado muchos toros; fuertes toros de Basán me han cercado. Abrieron sobre Mí su boca como león rapaz y rugiente. He sido derramado como aguas, y todos mis huesos se descoyuntaron; mi corazón fue como cera, derritiéndose en medio de mis entrañas. Como un tiesto se secó mi vigor, y mi lengua se pegó a mi paladar, y me has puesto en el polvo de la muerte. Porque perros me han rodeado; me ha cercado cuadrilla de malignos; horadaron  mis manos y mis pies. Contar puedo todos mis huesos; entre tanto ellos me miran y me observan. Repartieron entre sí mis vestidos, y sobre mis ropas echaron suertes…Salmos 22:7-8a. y 12-18.
LO QUE PASÓ EN LA CRUZ FUE PROFUNDAMENTE ESPIRITUAL
Nuestro Salvador fue herido y traspasado por nuestras transgresiones, molido por nuestros pecados. El castigo a favor de nuestra paz cayó sobre Él, y por sus heridas hemos sido sanados. Isaías 53.
El amor consiste, no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino que Él Padre nos amó mucho más, al enviar a su Hijo para que fuera ofrecido como sacrificio por el perdón de nuestros pecados1 Juan 4:10.
No alcanzamos a imaginar el misterio de la cruz ni la profundidad del amor de Dios desplegado en ese madero, sin embargo Dios nos revela más y más; por eso el merece que cada día lo adoremos y amemos apasionadamente, como solo Él es digno; debemos rendirnos totalmente a Cristo. La vida no nos alcanzará para agradecer tanta bondad y misericordia en el cruel sacrificio del Calvario que nuestro Señor Jesús tuvo que sufrir por darnos libertad, salvación, felicidad, salud y vida eterna.
La denigrante muerte en una cruz era una muerte cruel, implacable y violenta; algo que nuestro Cristo Redentor tuvo que padecer por fidelidad a la verdad, obediencia a la voluntad del Padre y amor por la humanidad. En aquel tiempo los que crucificaron a Jesús no aceptaron que la misericordia y el amor que Jesús mostró y predicó era la esencia y Ley Suprema de su Evangelio: el amor y la entrega incondicional a favor de los pecadores empedernidos de la tierra.
Él Padre nos amó del tal manera, que envió a su Hijo precioso para que fuera ofrecido como un Cordero en sacrificio para remisión de nuestros pecados. El padecimiento de Jesús en manos de los poderosos de su época, su padecimiento camino al calvario, la afrenta a su pureza, la traición, la vergüenza de su desnudez y el oprobio de su sangrienta crucifixión, tiene un contenido espiritual profundo, más que lo físicamente padecido, todo el infierno se volcó y se ensañó contra el Santo de los santos, mientras agonizaba en el propiciatorio de la cruz. Este magno sacrificio contiene un trasfondo y un peso espiritual tan fuerte e insondable, que hasta el día de hoy no alcanzamos a dilucidar ni comprender con el pensamiento humano el alcance y la magnitud de tal sacrificio de amor.
Así como la muerte del ser humano en el Edén fue netamente espiritual debido a la separación con su Creador, el sacrificio por rescatarlo y volverlo a tener, requería exclusivamente un pago tan alto, equivalente al peso de la perdida ocasionada por el engaño de la serpiente antigua.
Fue tan trágica la caída de la inocencia humana, que se perdió la gracia, la pureza y la relación cara a cara con el Dueño del universo quedando el ser humano a merced del adversario. Por eso lo que nuestro amado Salvador sufría mientras agonizaba mientras pendía del madero y pronunciando sus palabras finales, fue tan pesado y denso, que solo Él podía soportarlo para pagar la deuda y vencer la fuerza espiritual violenta y maligna del diablo y sus demonios que tenía el imperio de la muerte y la oscuridad en sus manos; solo Jesús tenía el dominio y el poder para evitar el tormento del infierno y salvar por la eternidad a muchos para que no vayamos a ese lugar de tormento y angustia donde habita el cruel.
Por eso, mientras Jesús oraba en el Getsemaní dijo: Padre mío, si es posible, pasa de Mí esta copa; pero no sea como YO quiero, sino como Tú, Mateo 26:38, 42 y 44. Él sabía que debía descender hasta las profundidades de la tierra para ver, soportar y permanecer allí por tres días y arrebatarle las llaves de la muerte a la serpiente antigua…¿qué es, sino que también había descendido a las partes más profundas de la tierra? Efesios 4:9-10el cual también fue y predicó a los espíritus encarcelados, los que en otro tiempo desobedecieron1 Pedro 3:19-20Porque no dejarás mi alma en el Hades, ni permitirás que tu Santo vea corrupción, Hechos 2:27.
Jesús oró la misma petición tres veces, sabiendo el tormento y la lucha que le esperaba arrancándole todo el poder a satanás sobre toda la raza humana; la angustia y el dolor que sufriría destruyendo la maldición de la muerte, el aguijón de la enfermedad, y toda la  maldición y la deuda que los humanos y la tierra recibimos por desobedecer al Dios nuestro debía ser saldada, Génesis 3:14-19.
Todo lo bueno y todo lo malo que sucede en la tierra y el universo entero, se gesta primero en el ámbito espiritual, el mundo de lo sobrenatural es mucho más fuerte que lo físico y lo material; a la vez que es mucho más valioso y trascendental lo que sucede después que partimos de esta tierra siendo salvos, que lo que podamos sufrir mientras vivimos, Esa es la razón de estas palabras pronunciadas por Jesús, No teman a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma; más bien teman a aquel que puede hacer perecer el alma en el infierno, Mateo 10:28.
Mientras Jesús llevaba toda maldición, todo pecado y toda la descarga infernal sobre su santa humanidad, el Padre no lo miró, no le respondió, ni acudió en su ayuda, porque Él sabía que solo su Amado Hijo podía volver a reconciliarnos con Él, y darnos vida plena y abundante; solo Jesús con su Santidad y poderío divino, podía devolvernos al Padre; mientras tanto Jesús padecía horrendamente y pronunciaba sus palabras finales, cargadas de amor y misericordia, perdonando, liberando, sanando, salvando e intercediendo por cada uno de nosotros.
Su lucha fue una terrible y encarnizada guerra espiritual a muerte contra todo el infierno y todas las fuerzas del mal; mientras soportaba y peleaba tan colosal batalla, sus palabras daban testimonio de su gallardía y grandeza divina, todo en Él estaba cargado de amor, misericordia, intercesión y entrega total, mostrando su profunda bondad y soberanía por aquellos que había creado a su imagen y semejanza.
1. Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen, Lucas 23:24.Un sacrificio profetizado en Salmos 22:18.Su misericordia permaneció firme sobre la cruz, intercediendo por todos, pero la ignorancia de la religiosidad, idolatría y legalismo les impedía reconocer a su Mesías prometido, por lo tanto tampoco sabían la trascendencia de sus acciones
2. De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso, Lucas 23:43. Cuando el malhechor crucificado con Jesús a la derecha se arrepintió y pidió a Jesús que se acordara de él, reconoció a su Salvador, en su agonía el Señor le aseguró la vida eterna con palabras cargadas de ternura y mirándolo con compasión a los ojos, así lo salvó y le abrió las puertas a la vida eterna junto a Elohim.
3. Mujer, he ahí a tu hijo-hijo he ahí a tu madre, Juan 19:26-27.Con la carga de su dolor enfrentando la muerte y el suplicio de los demonios que lo oprimían violentamente, Jesús, Hijo de María, se ocupó de su cuidado, se la encargó y confío a su discípulo Juan; a pesar de la insoportable prueba que padecía el Cordero santo, se dirigió a su prójimo con suavidad y dulzura para recordar que el amor protege y cuida hasta el final.
4. Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado? Marcos 15:34.Esta es una palabra profetizada en Salmos 22:1-2. Jesús literalmente sintió la quietud, el distanciamiento y el silencio del Padre mientas Él cargaba con todo el pecado de la humanidad y los vejámenes de la raza humana. Jesucristo seguía confirmando que el Eterno era su Padre, y en medio de su padecimiento mantenía firme su confianza obediente al Justo Padre Dios.
5. Tengo sed, Juan 19:28-30, con estas palabras se cumplió lo profetizado en Salmos 69:21; este revela el clímax del dolor y la copa de la angustia en el padecimiento que tuvo que soportar el bendito Hijo de Dios, para poder llevar a cabo la redención salvadora por sus criaturas planeada por el Padre desde antes de la fundación del mundo.
6. Consumado es, Juan 19:30. En las tempranas horas de la tarde nuestro Señor pronunció estas palabras, en momentos en que se estaba dando cumplimiento a la más sublime promesa de redención por la humanidad dada en Génesis 3:15. Su excelso y magno sacrificio estaba anulando el acta de decretos que había contra nosotros y que nos era contraria, quitándola de en medio y clavándola en la cruz, despojando a los principados y a las potestades malignas, las exhibió públicamente, triunfando sobre ellos en la cruz, porque hasta ese momento el adversario había tenido derecho de muerte contra nuestras almas. Jesús marcó un nuevo comienzo con el pacto de la gracia, y los salvados reciben la herencia de la vida eterna, Colosenses 2:14-17 y Hebreos 9:16.
7. Padre, en tus manos encomiendo mi Espíritu, Lucas 23:46.Confirmando así la palabra de Salmos 31:5, el Hijo de Dios confió plenamente en su Padre, y en ese instante concretó el pacto de la redención para todo aquel que cree en Él, lo recibe, cambia el pecado por santidad y camina con Cristo a la luz de su palabra.
En Mateo 26:28, Jesús anunció el derramamiento de su sangre para llevar a cabo un mejor Pacto; Él nació, vivió, sufrió, murió y resucitó en función de una raza caída que no podía salvarse por sí misma; en su sacrificio no hubo nada absurdo ni inesperado, todo se cumplió según lo dicho por los profetas desde la antigüedad, era la consumación de algo planeado y preparado por el Padre en rescate de lo que le pertenecía por derecho propio, pues Él era el Artífice Creador.
La puerta al Padre quedó abierta en Jesús, con su cruz Cristo vino a ser el puente que conduce a los redimidos al lado del Padre y la puerta que lleva la humanidad a su Dueño original; Jesús rompió el velo del abismo que nos separaba del acceso al lugar santísimo; y con el Aliento de Vida de su Espíritu que lo resucitó nos selló como propiedad absoluta del Padre; su sacrificio máximo otorgando vida y victoria, se confirma gloriosamente dejando la tuba vacía, Lucas 24:1-8, Marcos 16:1-8.
Amén, gloria al Eterno Dios de amor por los siglos de los siglos. Aleluya! A Él sea todo honor, todo el imperio, reconocimiento y acciones de gracias por los siglos de los siglos. Amén.
Mg. MEHC, hija del Dios vivo, real y verdadero y servidora de su reino

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