DE MOLUSCO A JOYA PRECIOSA- De ostra a perla valiosa

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DE MOLUSCO A JOYA PRECIOSA

¿Quién encontrará a la mujer ideal? Ella vale mucho más que las piedras preciosas, Proverbios 31:10
Serás en la mano del Eterno como una corona esplendorosa, ¡como una diadema real en la palma de tu Dios, Isaías 62:3.
El reino de los cielos es semejante a un mercader que busca buenas perlas, que habiendo hallado una perla preciosa, fue y vendió todo lo que tenía y la compró, Mateo 13:45-46.
La vida en las manos del Eterno, es un continuo proceso mientras estemos en esta tierra con el fin de que lleguemos a ser poderosos en sus manos y en su presencia; si queremos brillar y ser valiosos en Cristo, necesitamos pasar por pruebas y procesos, el Creador nos transforma como lo hace con el insignificante molusco de la ostra, que después de sufrir su proceso, llega a convertirse en la más bella y valiosa joya. Una ostra no tiene valor para nadie, es insignificante en su aspecto, pero después de procesada y transformada cobra un valor extraordinario, Así todos nosotros, con el rostro descubierto reflejamos como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados a su semejanza con más y más gloria por la acción del SEÑOR, que es el Espíritu, 2 Corintios 3:18.
Nuestro Creador sabe cómo tratarnos para poder cumplir sus propósitos en cada uno de sus hijos, nos lima las asperezas y nos quita la opacidad para que brillemos con su presencia; si somos procesados vamos a tener la experiencia y el conocimiento para ser libros abiertos donde otros puedan leer porque solo con la vivencia del proceso podemos ser restaurados, para que otros puedan ver en ti y en mi las proezas que el Creador hace en aquellos que se abandonan en sus poderosas manos y se dejan enseñar por su palabra escrita en nuestro corazón, Ustedes mismos son la única carta de recomendación que necesitamos; una carta escrita en sus corazones, la cual todos conocen y pueden leer, 2 Corintios 3:2.
Esas perlas, esas valiosas y vistosas joyas que son tan hermosas y todos las quieren y admiran por su fina belleza, debemos llegar a ser tú y yo en manos del Gran Fabricante, Maestro y Alfarero que trabaja en el taller de nuestra vida. Asi como le duele a la ostra cuando entra un grano de arena en su interior, así nos duelen las pruebas y los procesos de la vida; esta babosa o molusco bivalvo, se va formando de capas de nácar, lo cual viene a ser su defensa; del mismo modo las pruebas que nos traen dolor y quebranto con sus elementos circunstanciales, como los granos de arena  en el interior de la ostra, van dejando en nuestra alma huellas que nos forman y nos pulen para que podamos llegar a ser joyas valiosas tratadas para grandes propósitos que glorifique a Dios con nuestra manera de vida ejemplar, No a nosotros, SEÑOR, no a nosotros, sino a tu nombre da gloria, por tu misericordia y por tu fidelidad, Salmos 115:1.
Para llegar a ser una perla preciosa, se empieza por ser una insignificante ostra, un molusco sin valor que debe atravesar un doloroso proceso; cuando la ostra es recién nacida no tiene ninguna protección, por lo cual flota en el agua como si fuera una medusa. Cuando se empieza a formar la concha, se hunde hasta el fondo del mar, y allí se adhiere a la roca para abrirse un poco; pero al hacerlo, entra agua junto con pequeños granos de arena indeseables, que se incrustan en la concha alojándose molestamente en su interior; esos granos de arena para ti y para mí son las pruebas continuas que vivimos desde que llegamos a conocer a Jesucristo, Dios, que comenzó a hacer su buena obra en nosotros, la irá llevando a buen término hasta el día en que Jesucristo regrese, Filipenses 1:6.
Como la ostra que se fija a la roca, nosotros nos aferramos a Cristo, la Roca Eterna para llegar a ser preciosos hijos de Dios, determinados, firmes en la fe y con vidas estables; asi como la ostra emana mucha baba o nácar que le permite llegar a ser una hermosa perla, nuestras lágrimas, oraciones, ayunos y vigilias en esos momento de prueba, nos hacen firmes y fuertes para avanzar por el mar de la vida. Quizá la gente vea lo externo de ti y de mi, pero no lograr ver que en nuestro interior se está formando una joya preciosa, no ven lo que el Hacedor está colocando en el interior de nuestra alma; somos joyas preciosas que el Divino Alfarero ha ido formando para que irradiemos el brillo de su luz admirable, Para que la prueba de nuestra fe, más preciosa que el oro que perece, aunque probado por fuego, sea hallada firme y resulte en alabanza, gloria y honor en la revelación de Jesucristo, 1 Pedro 1:7.
Así como las ostras usan su mecanismo de defensa, segregando una sustancia viscosa y blancuzca, conocida como nácar, para producir capas y capas intentando con paciencia proteger su indefenso cuerpo, pero al mismo tiempo convirtiéndola poco a poco en una valiosa perla procesada a lo largo de tres y siete años; de igual manera, el Abba Padre usa las pruebas durante nuestros años de vida, para darnos forma y armas de defensa cuando todo se ponga en contra; la poderosa mano del Eterno, nos va cambiando el alma, para que ya no seamos de apariencia y fachada sino que seamos una verdadera y hermosa joya a la vista de todos; nos hace guerreros y soldados valientes que se ponen en la línea de batalla para resistir el mal; con cada proceso dejamos de ser pasivos y de quedarnos cómodos, para que nos levantemos a pelear por lo que nos pertenece, como herederos y coherederos en Cristo, Romanos 8:17.
La ostra que no sufre ninguna afectación que hiera su interior, no podrá producir perlas, pues estas piedrecitas son la evidencia de la cicatrización exitosa de la herida al interior de la ostra para llegar a ser una perla. Es decir, que las perlas son el resultado del dolor de las heridas que sufre el nácar, pero que cicatrizan perfectamente en el tiempo del proceso, convirtiéndose en un compuesto de cristales de carbonato de calcio que hacen brillar la joya; de igual modo Dios nos equipa con fortaleza y madurez para pelear la buena batalla de la fe; es allí donde todos se alejan y nos dan la espalda, porque en el proceso solo Dios se lleva la gloria, Porque Él sabe el camino que debo tomar; después que me haya probado, saldré como el oro, Job 23:10.
Como la ostra se aferra a la roca en el fondo del mar, de igual manera nosotros, en los momentos de prueba, debemos aferrarnos a buscar el rostro de Dios para brillar en la oscuridad del mundo; a las tinieblas no las enfrentamos nosotros, sino que las vencemos cuando nos santificamos echando fuera la podredumbre del pecado y la contaminación del mundo; es así que la luz de Cristo nos identifica y brillamos ante las fuerzas de la oscuridad estando esculpidos en las manos de Dios, …Volveré mi mano contra ti, te limpiaré de tu escoria como con lejía, y quitaré toda tu impureza, Isaías 1:25.
En este lento y largo proceso de la ostra, si la concha alberga arcilla en vez de arena, ocasionará la ruptura de las capas de nácar y se producirá ácido sulfídrico que se almacenará en las cámaras de la concha descomponiéndola y produciendo un pestilente olor, matando finalmente al molusco, pero si las heridas del nácar con cada grano de arena que recibe se cicatrizan y endurecen debidamente, en el tiempo preciso, su aspecto será reluciente y luminosa, su especial lustre y su simetría perfecta le darán el crédito de gema o perla de gran precio; esto es lo mismo que sucede con aquellos que se someten al Creador y sus procesos para ser perfeccionados y purificados en el fuego del Espíritu, ¿Qué es el ser humano para que lo engrandezcas, para que te preocupes por él, para que lo examines cada mañana, y a cada momento lo pongas a prueba? Job 7:17-18.
Este proceso de la ostra está muy cercano a nosotros, nada distante ni ajeno a nuestras vidas; cuando el grano de arena entra en la ostra, ella se defiende, pero sigue siendo un molusco que apenas subsiste en el fondo del mar; de igual modo, los procesos continuos de las pruebas que vienen de Dios nos permiten tomar conciencia de que necesitamos a Cristo todo el tiempo para poder vivir, Él eterno se sentará como fundidor y purificador de plata, para limpiar a los hijos…Y los acrisolará como a oro y como a plata, y serán los que presenten ofrenda de justicia al SEÑOR, Malaquías 3:3.
El SEÑOR nos hace bien todo el tiempo, sus procesos nos pulen y enseñan paulatinamente con la paciencia de su amor, allí nos demuestra lo valiosos que somos para Él, mostrándole a las tinieblas quienes somos en Cristo y gloriándose por lo que hace en nosotros corazones para ver cumplidas todas sus promesas en cada hijo;  el Eterno es fiel y no miente; para ello debemos conocer la palabra para que nada nos dañe ni nos desvíe; conociendo al Dador de la palabra, nuestro gozo y nuestro propósito de vida es cumplido, mueriendo en cada proceso el emocionalismo, mientras crecemos en fortaleza y madurez, Dichoso el que persevera bajo el fuego de la prueba, porque una vez que ha sido aprobado, recibirá la corona de vida que el Eterno ha prometido a los que lo aman, Santiago 1:12.
¿Te has sentido herido por la actitud o las palabras de alguien? ¿Te han causado dolor injustamente? ¿Has sido traicionado, maltratado, rechazado, herido y has criticado negativamente? Sométete a tu Creador, descansa y aprende con sus procesos, sabiendo que en Él hay fruto y milagros de vida para nuevos tiempos; porque con los procesos que proceden de Dios avanzamos y subimos cada vez un peldaño hacia arriba; perdonemos, no alberguemos en nuestro corazón sentimientos negativos de ira, resentimiento, venganza ni ninguna emoción nociva que nos lleve a producir hedor; aprendamos a cubrir las heridas con amor, para que brillemos como perlas preciosas que emanan grato olor para Él, Como aroma agradable los aceptaré…Ezequiel 20:41a.
Oremos por los enemigos y amémos a los que nos han dado la espalda en momentos de prueba a los que nos han perseguido y difamado porque ascuas vendrán sobre ellos. En el proceso Dios saca a la luz lo que hay en nuestro corazón, por lo tanto si hay rencor, no podremos brillar porque el alma estará podrida y es necesario que haya sanidad interior, Pero YO haré venir sanidad para ti, y sanaré tus heridas, dice YHWH; porque desechada te llamaron…Jeremías 30.17.
Como en la ostra, la arcilla del resentimiento y las heridas no sanadas nos contaminan el alma y nos enferma el cuerpo, y como las ostras nos vamos cubriendo de capas y capas de dolor que encallecen el corazón y nos enfrían el amor, impidiendo que seamos libres y sanos para servir y bendecir, debido a que los sentimientos malsanos rompen nuestras defensas espirituales y corporales, quedando desprotegidos y expuestos a recibir el daño, y como la ostra sin el debido proceso, podriamos quedar vacíos e inútiles, TÜ has probado mi corazón, me has visto de noche; me has puesto a prueba y nada hallaste; he decidido que mi boca no peque, Salmos 17:3.
Sobre la arena, entre las piedras o entre los espinos, encontramos muchas ostras vacías, que aunque fueron fracturadas y heridas en el proceso, no cicatrizaron las heridas de su nácar: del mismo modo, nuestra vida puede resultar vacía entre los pedregales de los conflictos, los espinos de la frustración, o la arena de las malas relaciones, falta de perdón y falta de paciencia para soportar las pruebas. Pero también podremos hallar ostras aferradas a la Roca, queriendo ser perlas de extraordinaria belleza y valor, Anden en amor, así como también Cristo nos amó, y se dio a sí mismo por nosotros, ofrenda y sacrificio a Dios, como fragante aroma, Efesios 5:2.
Necesitamos ser procesados y formados, ser pacientes y ponernos en el lugar del otro para comprenderlos, ser consolados en Él y sacar el dolor que los granos de arena del pecado han dejado en nuestra alma; necesitamos dejar de ser simples moluscos y convertirnos en perlas y gemas preciosas en las cuales brille la gloria de Cristo. Nuestro divino Mercader busca las perlas de gran precio que Él compró con su sangre, Romanos 3:25 y Efesios 1:17.
Es nuestra decisión ser perlas valiosas de gran precio que se aferran a la Roca o ser cascarones de perlas tiradas en la arena con cieno mal oliente en su interior. Debemos ir a la cruz, mirar al Cordero doliente, aceptar su sacrificio derramando su amor y llenarnos de su presencia para cicatrizar nuestras heridas. Debemos ir a la cruz continuamente, y arrepentidos, confesar nuestro pecado, lavarnos con su sangre para liberar el alma y cicatrizar las heridas que han quedado con el paso de los años; seremos no solo perlas preciosas, sino que exhalaremos el olor fragante de Cristo en nuestra manera de relacionarnos y vivir. Este mensaje lo he basado en mi propia experiencia, en mi trato y proceso de 30 años caminando Con Pasos Firmes en Dios, siguiendo las pisadas del Cristo Redentor.
Porque somos como el olor del incienso que Cristo ofrece al Padre, y que se esparce tanto entre los que se salvan como entre los que se pierden. Para los que van a la destrucción, este incienso les resulta olor a muerte, pero para los que se salvan, es una fragancia de vida. ¿Y quién está calificado para llevar a cabo el trabajo de esparcir el conocimiento de Dios? 2 Corintios 2:16-17. Amén.
Mg. MEHC, hija del Dios vivo, real y verdadero y servidora de su reino.

 

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