SACA LOS ENEMIGOS Y REEDIFICA EL TEMPLO

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SACA LOS ENEMIGOS Y REEDIFICA EL TEMPLO

Vayan ustedes a los montes; traigan madera y reconstruyan mi casa, YO veré su reconstrucción con gusto, y manifestaré mi gloria, dice el SEÑOR-. Hageo 1:8.
Pongan, pues, ahora sus corazones y su ánimo en buscar a YHWH su Dios; y levántense y edifiquen el santuario de YHWH su Dios, para traer el arca de su pacto, y los utensilios consagrados a Dios, a la casa edificada al nombre de YHWH, 1 Crónicas 22:19.
Este es un mensaje que escribí en 2015, pero escudriñando las escrituras ésta semana me quebranté con 2 Crónicas capítulos 5 al 7, y lo que he venido leyendo antes y después, toda va unido; luego voy a la iglesia el domingo y la predicación fue este mismo tema pero en Hageo, seguidamente alguien me compartió por las redes, el mismo tema, entonces recordé y entendí que Dios sigue llamando a su pueblo para santificarse y consagrarse, es por ello que recreo el mensaje debido a la urgencia del corazón de Dios para que su pueblo este listo para lo que viene.
La narración bíblica nos enseña desde lo físico y lo material para vivirlo hoy en lo espiritual. El Eterno Creador nos llama a limpiar y reconstruir su templo, no sólo el templo de ladrillos y arena donde nos congregamos, Él nos llama a reedificar el templo de nuestra vida, el templo del Espíritu Santo que somos tú y yo, somos piedras vivas, luz del mundo y sal de la tierra; el corazón del Santo anhela un avivamiento, una nueva generación, que se levante y muestre su poderosa gloria en rectitud y santidad real y visible, Me serán, pues, santos, porque YO, el SEÑOR, SOY santo, y los he apartado de los pueblos para que sean míos, Levítico 20:26. 1 Pedro 1:26..
Somos madera en las manos de Dios, para arder en el fuego de su Espíritu, para dar vida en amor, debemos ser una llama ardiente que refleje constantemente su gloria, Él es el único que sana a los enfermos y resucita a los muertos y Dios anhela hacerlo a través de su Iglesia, Levítico 6:12, somos la voz de Dios en Cristo para evitar sus juicios, Salmos 29.
La cruz fue madera de maldición donde quedaron clavados todos nuestros pecados, todas nuestras maldiciones e iniquidades, Cristo nos ha hecho olivos verdes, plantados en su casa, hemos sido llamados para vivir en pureza para tener autoridad llevando Palabra de vida, esperanza y poder de Dios a muchas gentes, pueblos y naciones. YO he venido para echar fuego sobre la tierra, y ¡cómo quisiera que ya estuviera encendido! Lucas 12:49Es el deseo de Dios que su cuerpo, la Iglesia, arda en el fuego del Espíritu Santo a través de los dones y el fruto. ¿No es mi palabra como fuego, declara el Señor, y como martillo que despedaza la roca? Jeremías 23:29.
Cuando Dios nos habla a través del Apóstol Pablo en 1 Corintios 3:12-15 menciona algunos materiales como el oro, plata, piedras preciosas, heno y hojarasca, eso representa características de las obras humanas, y sobre esos elementos han edificado algunos, pero la obra de cada uno será manifiesta, probada y quemada, pero el fuego de Dios revelará tales obras. Dios nos llama a reedificar nuestra espiritualidad en comunión con Él, a restaurar nuestro hogar, nuestras relaciones personales, nuestras emociones, nuestra sexualidad y todas las áreas de la vida humana.  Muchos han edificado sobre hojarasca y heno. Pero el Espíritu Santo es quien ayuda a la Iglesia a edificar sobre oro, plata y piedras preciosas, la esposa del Cordero construye la gloria de Dios en la tierra, siendo vasijas de honra y preparándose para aquel gran día, 1 Tesalonicenses 5:2 y 2 Pedro 3:10.
El SEÑOR nos está hablando hace rato de ir a los montes, es un llamado a la oración fuerte, a la oración que clama, que gime fervorosamente, de gente que se arrepiente, pide perdón y misericordia para santificarse, esa clase de oración que conmueve las fibras del corazón del Santo para transformar nuestro mundo. Dice en plural montes, porque no es una simple y sencilla oración de unos cuantos en un día, son oraciones en la unidad del cuerpo, oraciones que lo impregnen e invadan todo con el poder de su santa gloria, porque somos portadores de su presencia, pero si no hay santidad, no podemos reflejarlo a Él, Filipenses 2:12-16.
Cuando dice, traigan madera, nos manda a traer nuevos creyentes, nuevos discípulos, nuevos servidores del reino, nuevos salvados que puedan ser parte de la grandeza del reino de Dios en la tierra para estos últimos tiempos, donde vemos un mundo perdido y necesitado de Dios, Marcos 16:14-17.
Reconstruyan mi casa, vuelvan a santificarse, reconstruyamos nuestras vidas y hagamos hogares de amor, transformémonos con el poder el Evangelio para que haya regeneración y cambio, que venzamos la mentira con la verdad, que vivamos la sinceridad de vidas rectas, porque de nada servirá orar y orar si no nos santificamos. Así como en la antigüedad el pueblo había sido sacado de la cautividad, hoy el Señor nos quiere sacar de cautividad de la inercia, del desamor, de la apatía, del error y de la tibieza espiritual para ser madera que arde en el altar, que el fuego de Dios arda en los corazones y las almas afuera de las cuatro paredes del templo físico, sea de cerca o de lejos. Necesitamos un cambio de adentro hacia afuera, arreglando cuentas con Dios frente a frente, que hagamos la diferencia entre el bien y el mal y que impactemos para la eternidad. Lee Isaías 66:1-16, aprende del Eterno y arrepiéntete.
Es hermoso cuando dice, YO veré su reconstrucción con gusto, y manifestaré mi gloria-dice el Señor. Cristo es el fundamento, la Principal piedra del Ángulo, la Cabeza del  cuerpo, y desea ver a sus miembros trabajando con pasión, lanzando la red diariamente y el Espíritu Santo nos acompañará en esa reconstrucción. Nosotros somos sus peritos arquitectos, a quienes el Señor estará mirando y regocijándose ante la diligencia, la efectividad y el funcionamiento del cuerpo, pero cuando Dios nos envía a realizar una tarea, pueden surgir enemigos y obstáculos para la obra, los cuales debemos sacar y vencer.
1. Saca el pecado, Si mi pueblo que invoca mi nombre se humilla, , oran y buscan mi rostro, y se convierten de sus malos caminos,; entonces YO oiré desde los cielos, , y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra, 2 Crónicas 7:14. El primer más grade aspecto que daña el alma y ensucia el templo del Espíritu Santo trayendo maldición no solo a la vida personal, sino familiar y de una nación, es el pecado. Si observamos detenidamente la historia bíblica contenida especialmente en los libros de Jueces, Samuel, Reyes, y Crónicas, y veremos que las grandes tragedias sufridas por el pueblo de Israel fue debido a su pecado; abandonar a su Creador y hacer lo que hacían los pueblos vecinos del mundo sin Dios y que muchas veces no cumplieron las instrucciones de su SEÑOR.
El pecado ante el Santo Eterno empieza en la desobediencia a lo que Él nos ha ordenado hacer y que como hijos de Dios debieramos cumplir; con el pecado se traspasan los límites viviendo al margen de a ley moral establecida por el Eterno; el pecado es causa de la caída constante de los pueblos, los gobiernos y los hijos de Dios. Necesitamos empezar a limpiarnos de manera personal; si cada uno se arrepiente y se limpia de sus inmundicias, Dios tendrá misericordia de sus juicios contra la tierra, y contra los trasgresores de su palabra, Y los príncipes de Israel y el rey se humillaron, y dijeron: Justo es YHWH. Y cuando el Abba Padre vio que se habían humillado, vino su palabra a Semaías diciendo: Se han humillado, no los destruiré; antes los salvaré en breve, y no se derramará mi ira con Jerusalén por mano de Sisac, pero serán sus siervos, para que sepan lo que es servirme a Mí; y qué es servir a los reinos de las naciones, 2 Crónicas 12:6-8.
En muchos casos nuestro Padre Santo nos perdona y libera de todo mal, pero como vemos en el anterior texto bíblico, Dios perdonó el pecado del pueblo y no desató toda su ira, pero permitió que fueran esclavos y sirvientes de sus enemigos. De la pureza del templo del Espíritu Santo que somos cada uno de nosotros, depende no solo nuestra propia vida, sino la de la familia, la ciudad y la nación, Jonás 4:1-2.
La salvación de una nación, la paz y el valor de la vida, empiezan desde los personal, cuando cada uno se limpia de su pecado y se aparta, cuando Dios ve que todos quieren alabarlo y agradarlo con santidad Él derrama misericordia; si cada uno de los miembros del cuerpo de Cristo se arrepiente y se limpia de su pecado, Dios mantendrá nuestra nación en paz y justicia, de lo contrario vendrán juicios sobre la nación y la tierra, Escoge para ti: entre tres años de hambre, tres meses de derrota perseguido por la espada de tus enemigos, o tres días de peste en el país bajo el juicio del SEÑOR, con el ángel de YHWH causando estrago en todo el territorio de Israel. Decide ahora lo que he de responder al que me ha enviado, 1 Crónicas 21:12.
2. Saca el miedo. Tener miedo a los hombres resulta en una trampa, pero el que confía en YHWH sale bien librado, Proverbios 29:25.
Según el original hebreo el temor es un estado de las emociones donde temblamos asustados e inseguros ante alguna situación. En Mateo 8:23-28, los discípulos tienen miedo ante la tempestad que agita la barca, mientras Jesús dormía; ellos lo despiertan atemorizados ante el viento y la furia delas aguas porque la barca se hundía, pero Él les dice: ¿Por qué teméis hombres de poca fe? El Señor reprende los vientos y el mar y llega la calma. La palabra nos enseña, que el temor estanca y paraliza por eso los discípulos no sabían qué hacer, ellos corrieron a Jesús, y es lo que debemos hacer, pues si Él está con nosotros, nada podrá contra nosotros. El miedo proviene de la falta de fe y nos dejamos llevar por las emociones. No tengamos miedo, somos fuertes y valiosos en las manos del Gigante de amor, aun cuando hayan situaciones que nos produzcan algún temor, al final todo acabará, Jesús pasó por cosas similares y venció para darnos valor y fuerza, hoy somos más que vencedores en Él, Romanos 8:28-39.
Cuando llegan las dificultades y el dolor, muchos dejan de ir a la Iglesia, dejan de orar y de buscar a Dios, pero ahí está el error, no podemos salirnos de la barca cuando llega el conflicto, por el contrario, permanezcamos en la barca de la fe, en la barca de la oración, en la barca de la Iglesia y la presencia de Dios, Él reprenderá los fuertes vientos de la angustia y el mar de los problemas para que la barca de nuestra vida no naufrague. Mantente en la barca a pesar de todo, podrás reconstruir tu templo y Dios te mirará complacido mientras oras, adoras y alabas su majestad, Hechos 16:16-40.
3. La preocupación. Por eso les digo: No se preocupen por sus vidas, qué comerán o beberán; ni por su cuerpo, cómo se vestirán.¿ No tiene la vida más valor que la comida, y el cuerpo más que la ropa? Mateo 6:25. En el original la preocupación se traduce como tener la mente dividida por la ansiedad y pensamientos partidos con lo malo y lo dañino, con la preocupación detenemos el flujo natural de la fuerza creativa que brota de la sabiduría divina unida a la inteligencia humana, cuando nos preocupamos no tenemos cabeza para pensar con cordura. Jesús dice en Mateo 6:25Por tanto os digo: No os afanéis por vuestra vida, qué habréis de comer o qué habréis de beber; ni por vuestro cuerpo, qué habéis de vestir. ¿No es la vida más que el alimento, y el cuerpo más que el vestido? Cuando nos preocupamos estamos dejando a Dios de lado porque dejamos de mirarlo a Él para fijar los ojos en la adversidad, miramos abajo, a los lados pero menos arriba.
No podemos olvidar que Dios todo lo puede cómo lo dice su Palabra, ¿acaso si nos preocupamos pagamos las deudas, sanamos o cambiamos las circunstancias? Orar es la opción y santificarnos trae solución; cuando oramos engrandecemos a Dios dependiendo de Él, nuestros problemas se hacen pequeños y desaparecen si nos purificamos, pero si nos angustiamos hacemos lo contrario. ¡Si las aves no trabajan ni siembran y Dios las cuida, ¡cuánto más hará por nosotros que somos sus hijos!  Empecemos a sembrar confianza y fe en nuestro llamado, en nuestros dones, en la reconstrucción de nuestro templo que es casa de Dios y veremos cosecha al 30, al 60 y al 100 por ciento.
No temas si te ignoran o rechazan, no temas si te vuelven la espalda, El Señor te está susurrando: “YO SOY quien te sostiene, YO se lo qué necesitas, no temas ni te preocupes, YO Soy tu Roca firme”.
4. Saca La duda. Todo lo que NO proviene de fe es pecado, Romanos 14:23. La falta de fe  es pecado que Dios abomina, el diablo la siembra en nuestra mente y desconfiamos de Dios olvidando sus promesas, para movernos en nuestras fuerzas. Sin fe es imposible agradar a Dios porque vacilamos entre dos aguas y nos movemos en lo incierto de un lugar a otro, pero Dios es nuestra torre fuerte. Cuando dudamos se afectan la confianza, la decisión y la acción corriendo el riesgo de caer, Mateo 14:31.
En el original la palabra duda se relaciona con desobediencia, rebelión e incredulidad, por lo tanto Dios aborrece la duda que es falta de fe y confianza en Él. Jesús habló de enviar al Espíritu Santo para convencernos de pecado, justicia y juicio, y es del pecado de incredulidad que Él debe convencernos. Dudar es afrenta directa a la veracidad de Dios, la falta de fe, roba y rompe promesas y bendiciones en los creyentes, por eso muchas veces no vemos respuestas a nuestras oraciones. Oramos un momento, luego dudamos.
La pregunta es: ¿Vale la pena seguir dudando? Vale la pena seguir teniendo miedos y preocupaciones? ¿Es verdad eso que piensas? ¿Te ha dejado algo bueno estar dudando de Dios?
Lo que Dios te ha dicho y ha originado en ti, lo cumplirá, porque Él es la verdad, llevará a cabo sus propósitos en ti, así que ¿por qué nos preocupamos y dudamos? Nunca sabremos lo que Dios hará en nuestras vidas si dudamos. Jesús dijo en Mateo 6:64. Hay algunos de vosotros que no creen, y muchos dejaron de seguirlo. Pero Pedro reconoció la majestad de Cristo cuando afirmó: Señor, a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna.
Ni el más grave problema, ni la dificultad más inquietante, ni el dolor más intenso justifican que pequemos con miedo y duda de la profundidad y verdad del amor de Dios, mucho menos cuando Él nos ha dado una palabra para levantarnos, para empezar de nuevo, para reedificar el templo vivo de Dios, trabajar y mantener la fe en estos tiempos, Habacuc 3:17-19.
Edifiquemos nuestro templo y demostremos nuestra lealtad y amor a Dios siendo santos, fortaleciendo la confianza en Él y afirmándonos en sus promesas.  Es tiempo de levantamos y construir sembrando para el reino de Dios, mañana cosecharemos con abundancia, porque lo haremos en sabiduría, fuego y poder del SEÑOR. Reconstruyamos la casa y estaremos preparados para ir donde Él nos llame.
¿Cuáles son las áreas de tu vida que deben ser reparadas y reconstruidas? Ora, clama y busca a tu Padre Eterno y lo sabrás.
Mg. MEHC, hija del Dios vivo, real y verdadero y servidora de su reino eterno

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