GRANDEZA DE LA SALVACIÓN EN CRISTO

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¡EXTRAORDINARIA PROFUNDIDAD LA DE NUESTRA SALVACIÓN!

EL REGALO SIN IGUAL
 Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos, Hechos 3:12.
Somos justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús, a quien el Padre puso como propiciación por medio de la fe en su sangre para manifestar su justicia…El cual fue entregado por nuestras transgresiones, y resucitado para nuestra justificación…Y nos gloriamos en Dios por el SEÑOR Jesucristo por quien hemos recibido ahora la reconciliación, Romanos 3:24-25, 4:25, y 5:11.
¿Cómo escaparemos si descuidamos una salvación tan grande? …Hebreos 2:1-3.
El hombre sin Dios hace sus propios planes, sigue sus propios consejos y vive bajo sus propias reglas, pero en realidad fuimos creados para la comunión y amistad continua con Dios; vivir desligados de nuestro Creador mantiene al género humano en una insatisfacción constante y un vacío cósmico interior insaciable que es solamente llenado a plenitud por Jesucristo. La humanidad sin Dios mantiene a las personas en una continua decadencia sin esperanza, lo cual exige que el hombre se reconcilie con su Creador y Salvador, así fue que el Salvador vino a darnos las Buenas Nuevas de salvación con su vida, lo cual Él ratificó al citar Isasias 61 en Lucas 4:18-19 y a nosotros se nos encomendó con La Gran Comisión para que todos conozcamos acerca del Reino de Dios, que muchos crean y abandonen el pecado para convertirnos a Dios. Jesucristo es el Evangelio vivo, la palabra hecha carne. Porque YHWH ha saciado el alma sedienta, y ha llenado de bienes al alma hambrienta, Salmos 107:9.
El Eterno bueno y Santo Dios siempre ha estado interesado en la vida y el fin eterno de la humanidad porque Él nos quiere a cada uno en particular como personas que lo aman y caminan con El para así poder honrarlo haciendo su voluntad y vivir una vida íntegra basada en el amor; así envió a su Hijo Jesucristo para darse a conocer y que Él sea el centro de nuestra vida diaria, la brújula que nos garantíza dirección y seguridad para ser preservados vivos por la eternidad; El nos dejó instrucciones y ejemplo de vida en su Hijo y su palabra para acercarnos y reconciliarnos consigo mismo; Jesucristo proveyó la propiciación expiatoria cumpliendo en Él la ley que nosotros no podiamos llevar a cabo en su totalidad; Él tomó nuestro lugar para renovar nuestra manera de pensar, sellárnos como su propiedad con su Espíritu y dsrnos el nuevo pacto en su sangre, en su sacrificio, muerte y resurrección para luego volver a su reino y prepararnos un lugar con Él para siempre. Entonces Jesucristo, les dijo: YO SOY la resurrección y la vida. El que cree en Mí vivirá, aunque muera; y todo el que vive y cree en Mí no morirá para siempre. ¿Crees esto? Juan 11:25-26.
No había otra manera de erradicar el efecto de la desobediencia, la carga del pecado y la deuda impagable de la culpa, excepto por el sacrificio del Hijo de Dios, ¿Cuánto más la sangre de Cristo, el cual por el Espíritu eterno se ofreció así mismo sin mancha a Dios, limpiará nuestras conciencias de las obras de muerte para que sirvamos al Dios vivo? Así que, por eso Él es mediador del nuevo pacto, para que interviniendo muerte para remisión de las rebeliones que había bajo el primer pacto, y que los que somos llamados recibamos la promesa de la herencia eterna.” Hebreos 9:14-15. La única solución, era la vida del inocente y puro Cordero de Dios a cambio de la vida de los viles y sucios pecadores.
La grandeza y profundidad de nuestra salvación es tan extraordinaria y a la vez tan sencilla, que solamente la podemos entender y vivir conociendo la ley de Dios y al  Hijo de Dios, para desarrollar fe obediente a sus instrucciones, y seguir el ejemplo de integridad de nuestro Redentor, el único que nos otorgó el rescate de la condenación y la oportunidad de una vida nueva, Porque así como por la desobediencia de un hombre(Adán)los muchos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno(Jesucristo), los muchos somos constituidos justos, Romanos 5:19.
Para entender este sobrenatural hecho, la Biblia incluye términos que nos ayudan a entender la anchura, profundidad, excelencia y valor del glorioso amor de Dios al salvarnos en Cristo, veamos:
1. La gracia. Porque por gracia somos salvos por medio de la fe; y esto no de nosotros; pues es un don de Dios; no por obras para que nadie se gloria, Efesios 2:8-9. Somos justificados gratuitamente por su gracia, por medio de la redención que es en Cristo Jesús, Romanos 3:24. La gracia salvadora de Dios es confirmada al darnos a Cristo como regalo de vida, un favor redentor inmerecido, donde el Hijo se despojó de su trono de gloria y bajó del cielo para ser Hijo del Hombre sacrificándose por todos nosotros para evitarnos la terrible sentencia de juicio y condenación a causa de nuestros pecados, y creyendo en Jesucristo somos salvos gratuitamente por la bondad de YHWH que escogió bendecirnos en vez de darnos la espalda, EL Padre, no nos abandonó a nuestra suerte, sino que nos socorrió y nos salvó; La gracia y la verdad vinieron por medio de JesucristoJuan 1:17-18, Hechos 15:11, Romanos 5:1-2, 6-8, 20-21 y Rom. 8:1-4, Efesios 1:7, Tito 2:11 y 3:7.
2. Propiciación. Cristo mismo es la propiciación por nuestros pecados, y no solo por los nuestros, sino también por los del mundo entero, 1 Juan 2:2. Cristo como el Cordero de Dios fue el perfecto sacrificio vivo sobre el propiciatorio del áspero madero de la cruz al ser el único indicado, adecuado y propicio para cubrir completamente nuestras faltas, pues solo Él es el único inclinado completamente al bien y la bondad a nuestro favor para aplacar la ira del Padre rescatándonos de la maldición que traíamos desde el Edén, Romanos 3:25 y 1 Juan 2:2, 4:10 y 1 Corintios 15:22.
3. Sustitución e imputación. Para que se cumpliera lo que fue dicho por medio del profeta Isaías cuando dijo: Él mismo tomó nuestras flaquezas y llevó nuestras enfermedades, Mateo 8:17. El Hijo del Hombre tomó nuestro lugar sustituyéndonos en la cruz, se hizo responsable de todo nuestro pecado y cargando el peso de nuestra iniquidad; a Jesucristo se le imputó y atribuyó toda nuestra, se le culpó y se le condenó a ser inmolado, traspasado y crucificado cuando estábamos perdidos como ovejas sin pastor para que no se nos tuviera en cuenta ni se nos contara toda nuestra transgresión, haciéndonos volver al redil del Buen Pastor para guiarnos y no estar solos, Mateo 20:28, Romanos 8:3, 2 Corintios 5:21, 1 Pedro 2:23-25 y Hebreos 9:26-28. 
Él fue herido por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre Él, y por sus llagas fuimos curados. Todos nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; pero YHWH cargó sobre Él todos nuestros pecados… Cuando haya puesto su vida en expiación por el pecado, vera linaje, vivirá por largos días, y la voluntad de YHWH será en su mano prosperada, Verá el fruto de la aflicción de su alma y quedará satisfecho; por su conocimiento justificará Mi Siervo justo a muchos, y llevará las iniquidades de ellos…por cuanto derramó su vida hasta la muerte, y fue contado con los pecadores, habiendo Él llevado el pecado de muchos, y orado por los transgresores. Isaías 53:5-6 y 10-12.
4. Expiación. Por lo cual debía ser en todo semejante a sus hermanos, para venir a ser misericordioso y fiel sumo sacerdote en lo que a YHWH se refiere, para expiar los pecados del pueblo. Hebreos 2:17. Cristo fue el perfecto chivo expiatorio y sacrificio perfecto que purificó toda nuestra mancha con su sangre, y como El Gran Sumo Sacerdote en forma de ofrenda, nos absolvió de toda culpa y de la sentencia de muerte; rompiendo el abismo que nos separaba del Padre, se hizo puente vivo para acercarnos al Padre y llevarnos a su reino. Cristo fue el Azazel que llevó lejos de los ojos del Padre todo nuestro pecado, moviendo su piedad y misericordia para olvidar para siempre nuestra culpa, Levítico 16:5-11, Marcos 5:37, Juan 1:29,Efesios 1:7. Hebreos 10:8-10.
5. Remisión. Porque esta es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada para remisión de los pecados, Mateo 26:28. Cristo se hizo maldición al cargar todos nuestros pecados y desobediencias, así nos perdonó y condonó nuestra deuda que era imposible de pagar, nos quitó toda carga del pecado y le arrebató todo el derecho legal que el enemigo tenía sobre nosotros; al ser sacrificado, muerto y resucitado, cumplió en sí mismo toda la ley que no estábamos en capacidad de llevar a cabo, depositando a nuestro favor la ganancia de vida nueva en la cuenta celestial, Deuteronomio 15:1-2, Gálatas 3:13; Hebreo 9:15 y 22, 10:18.
6. justificación, Y Cristo fue entregado por nuestras transgresiones y resucitado para nuestra justificación, Romanos 4:25. Cristo es nuestra justicia, con la prueba de su amor, deidad y santidad siendo Dios en forma de hombre, con su sacrificio nos declaró justos e inocentes dándonos paz con el Padre, quien nos ve perfectos en su Hijo, y en su paciencia nos ha hecho libres para vivir en santidad. Cuando éramos reos culpables de muerte, el justo justificó a los injustos dándonos salvación por fe para vida eterna. En su Hijo el Padre nos reconoció como hijos para dejar de ser advenedizos en el mundo y llegamos a formar parte de su familia celestial. Hechos 13:39, Romanos 3:24, 5:16-18, y Romanos 10; 1 Corintios 1:30, 2 Corintios 3:9 y 5:21 y Hebreos 9:11 y 24.
7. Redención. Porque el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para dar su vida en rescate por muchos, Marzo 10:45. Éramos esclavos del pecado y las tinieblas, proscritos de nuestra patria celestial y bajo yugo de dolor y muerte, pero Cristo nos rescató y nos libertó de la explotación de satanás. Nos dio una nueva oportunidad de vida para vivir en santidad y entrar en su reino, nos compró con el precio de su vida y su sangre en el calvario; al dejarse colgar en el madero nos absolvió de una pena condenatoria y anuló toda acta decretos que había contra nosotros, abriéndonos camino al lugar santísimo con el grato olor de su resurrección. Ahora intercede por nosotros todo el tiempo como nuestro abogado. Hasta hoy Jesucristo es el Tabernáculo vivo y definitivo en medio del pueblo de Dios. Lucas 24:21, Juan 1:14, Éxodo 25:8-9; Colosenses 1:13-14; 1 Corintios 1:30; Gálatas 3:13, Romanos 3:24, y Hebreos 9:12. Salmos 130:7-8.
8. Reconciliación. Y todo esto proviene de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por Cristo, y nos dio el ministerio de la reconciliación, 2 Corintio 5:18. Éramos enemigos de Dios a causa del pecado y la maldición del Edén, andábamos alejados de la presencia del Padre, como extraños estábamos excluidos de nuestra comunión, pero Elohim con su gran amor con que nos amó, no tuvo en cuenta nuestro pecado, sino que nos reconcilió consigo mismo en su Hijo, y nos trajo arrepentimiento para volvernos a Él. Reconocer a Jesús como Salvador no permite alinearnos en armonía y vida nueva de amigos de Dios en Cristo. Romanos 5:10-11.
Con el sacrificio del SEÑOR terminó el conflicto entre Dios y los hombres, permitiendo que el reine en nuestro corazón. Fue así como el Padre nos recuperó como su propiedad, como éramos al principio de la creación, Cristo reconquistó la comunión de los hijos con el Padre, y construyó una nueva relación que nos acerca a Él y nos mantiene en su reino. 2 Corintio 5:18-20, Efesios 2:16-17.
Cristo nos cambia por fe y restaura la relación rota que cada uno teníamos con Dios, con paz e intimidad en Él, recuperando el compañerismo que se había perdido, y por medio del nuevo pacto en su sangre  dejamos de ser enemigos y advenedizos; si somos tentados, podemos ser fortalecidos en Él para vencer, si caemos, confesamos nuestros pecados, lo abandonamos y seguimos caminando tras las pisadas de Jesús para mantener viva nuestra relación. Lucas 19:10, Colosenses 1:18-23 y 2 Corintios. 5:18-19. Salmos 103:12
9. Restauración y Regeneración, Cristo nos salvó sin que nosotros hubiéramos hecho nada bueno, sino por pura misericordia, por medio del lavamiento de la regeneración y la renovación por el Espíritu Santo, Tito 3:5. Cuando nacimos de nuevo Cristo reparó los daños que había en el templo de su Espíritu Santo, el cual somos cada uno de nosotros; nos revivió el espíritu que estaba muerto, nos dio sanidad del alma y del cuerpo, nos dio libertad, nos devolvió el gozo, nos dio paz interior y nos reconstruyó como casas nuevas donde vive sus presencia. Cristo nos restauró y regeneró nuestra función de hijos vivos en su Cuerpo, de personas con sentido de vida, nos dio una misión y un propósito para cumplir en su reino. Juan 3:5-8, Colosenses 2:13, 1 Pedro 1:3.
Cristo nuestra Pascua, nos hizo nuevas criaturas, para volver al estado original de pureza, haciendo morir al viejo hombre carnal y resucitar al espiritual. Dejamos de estar muertos para Dios y volvemos a estar vivos para Él en una nueva moralidad de principios y fundamentos de vida. Limpiémonos, pues, de la vieja levadura, para que seamos nueva masa, sin levadura como somos; porque nuestra pascua, que es Cristo, ya fue sacrificada por nosotros, Isaías 64:8, Jeremías 18:1-9, Romanos 9:20-24 y 1 Corintios 5:7.
Por la fe en la conversión del nuevo nacimiento se produce un cambio instantáneo regenerativo en nuestra vida interior, resucitamos a la vida espiritual real y eterna, saliendo de las tinieblas para pasar a la luz del Espíritu, dejando de ser carnales y ser personas espirituales. Mateo 19:28, Romanos 11:12, Juan. 5:21 y Gálatas 6:15. Así como los Israelitas celebraron la pascua con sangre en los dinteles de las puertas para liberarlos del ángel de la muerte, Cristo con su sangre nos libertó de la muerte eterna y nos guarda hoy con un nuevo estilo de comportamiento preparándonos en vida para ir a la tierra prometida de la Jerusalén celestial, Éxodo 12, 1 Corintios 5:7. Eramos vasijas rotas por los golpes del mundo, eramos barro burdo y de deshonra para el Santo Dios, pero Él mismo en su Hijo nos restauró y nos hizo vasijas nuevas, resplandezcientes y llenas de su Luz para ser causa de gloria y alabanza a su nombre y usadas para cosas grandes en su casa, y al final, en su palacio celestial adoradores por siempre. 2 Corintios 4.
10. Adopción, Para que redimiera a los que estaban bajo la ley, con el fin de que recibieran la adopción de hijos, Gálatas 4:5. Dios en su infinita soberanía nos injerto en la vid verdadera cuando estábamos bajo la ley del pecado; éramos ramas silvestres, advenedizos ajenos a su gobierno y las bendiciones divinas; nos hizo sus hijos coherederos con Cristo de sus abundantes promesas y ricas bendiciones. Gálatas 4:5-6, Efesios 1:5 y Romanos 8:15-17-23. El Eterno arregló nuestra relación con Él arraigándonos en su amor y por la fe en Cristo podemos llamarlo Padre Nuestro y hermanos de Jesucristo. Mateo 6:9, Marcos 3:34-35, y nos unió en un solo cuerpo, Efesios 3:6.
Somos familia de Dios, tenemos identidad y pertenencia siendo sellados con el Espíritu Santo con poder y autoridad, Nos hizo una nación santa, real sacerdocio y pueblo adquirido por Dios, para ser amados, enseñados, corregidos, disciplinados, formados y madurados en Él y para Él, pues Dios mismo quien nos escogió¸ Ahora somos linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, y pueblo adquirido para posesión de Dios, a fin de que anunciemos las virtudes de Aquél que nos llamó de las tinieblas a la Luz Admirable, 1 Pedro 2:9. Por todo esto debemos caminar en su luz, ser hijos obedientes, vivir en amor, separarnos del mal, sujetarnos a Dios, y a pesar de todo, esperar sufrimientos como parte del proceso regenerativo y santificador para guardar nuestra salvación hasta el último día. Por tanto, es necesario que con más diligencia atendamos a las cosas que hemos oído, no sea que nos deslicemos… ¿Cómo escaparemos nosotros, si descuidamos una salvación tan grande? Hebreos 2:1-4.
11. Santificación…Y esto eran ustedes; pero ya han sido lavados, ya han sido santificados, ya han sido justificados en el nombre del SEÑOR Jesucristo, y por el Espíritu de nuestro Dios, 1 Corintios 6:11. Nuestra vida cristiana es un continuo proceso vital de transformación hacia la plena santidad y pureza, mientras peregrinamos en esta tierra; somos guiados por el Espíritu Santo, estamos escondidos en Él para alcanzar cada día la estatura de Cristo, apartados para el Padre como su morada santa para vivir en integridad y plenitud hasta que Cristo regrese por segunda vez o cuando quiera llamarnos a su presencia, Hebreos 12:14, 1 Corintios 6:19-20, 2 Tesalonicenses 2: 13-14, 1 Corintios 1:30.
La santificación es producida a lo largo de toda nuestra vida mediante la sangre de Cristo cada vez que nos arrepentimos cuando pecamos y pedimos el perdón del SEÑOR, Hebreos 10:29, por el Espíritu Santo que habita en nosotros, Romanos 15:6; por la fe que profesamos y nos impele a ser santos, Hechos 26:18, mediante el estudio y la vivencia de la palabra de Dios, Juan 17:17-19, por la obra que Dios hace en nosotros, 1 Tesalonicenses 5:23, poniendo nuestra voluntad obediente para resistir el pecado, 1 Tesalonicenses 4:3-7, resistiendo al enemigo y sometiéndonos a Dios. Santiago 4:7-10.
En la medida que conocemos a Dios y su palabra podemos vivir frutos dignos de arrepentimiento llenos del fruto del Espíritu, negándonos cada día a la carne y muriendo al viejo hombre, pues ya no vivimos nosotros, sino que Cristo vive en cada creyente, Gálatas 2:20, Romanos 6: 19 y 22.
12. Glorificación. Entonces los justos resplandecerán como el sol en el reino de su Padre. El que tiene oídos que oiga, Mateo 13:43. Nuestra glorificación es el último paso de la salvación, es la extracción final del pecado que se iniciará con el sonido de la trompeta final; se celebrará en los cielos con las Bodas del Cordero donde recibiremos coronas como premio y seremos semejantes a Él preservados para vida eterna, con la garantía y seguridad de quien lo prometió y lo cumplió. Nuestro cuerpo será transformado en un abrir y cerrar de ojos, Porque si somos hijos, también somos coherederos con Cristo, si en verdad padecemos con Él a fin de que también seamos glorificados con Él, Romanos 8:17. Juan 14:3, Filipenses 3:20-21 y 1 Corintios 15:20-22. 
Todos estos aspectos contienen la profundidad, grandeza y misericordia del Padre al salvarnos en su Hijo: nos libró de la condenación, de la muerte eterna de estar separados de Él, nos limpió de pecado con su purísima sangre, nos libró de la enfermedad, nos despertó el espíritu para acercarnos a de Él y mucho más; lo que Cristo logró para nosotros con su venida, sacrificio, muerte y resurrección es verdaderamente extraordinario y no tiene comparación. El tratamiento de nuestros pecados en la cruz es una obra cuyo diseño inteligente y celestial es perfecto, divino y lleno de amor. No fue un hombre simplemente el que murió en la cruz, sino Dios mismo en forma de Hombre, el eterno Emanuel, Dios con nosotros. No fue un ser creado muriendo en la cruz, sino el eterno, único, perfecto y santo gran YO SOY, el Alfa y la Omega, el Alef y el Tav, Principio y fin de todo, SOLO ÉL ES DIOS Y SALVADOR. 1 Pedro 1:8-20.
No esperes más, ríndete y entrégate a Cristo, HOY es el día aceptable de salvación para ti. 2 Corintios 6:2, Isaías 49:8.
Mg. MEHC hija del Dios vivo, real y verdadero y servidora de su reino eterno.

 

 

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