GRANDEZA DE LA SALVACIÓN EN CRISTO

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¡EXTRAORDINARIA PROFUNDIDAD LA DE NUESTRA SALVACIÓN!

EL REGALO SIN IGUAL
 Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos, Hechos 3:12.
Somos justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús, a quien el Padre puso como propiciación por medio de la fe en su sangre para manifestar su justicia…El cual fue entregado por nuestras transgresiones, y resucitado para nuestra justificación…Y nos gloriamos en Dios por el SEÑOR Jesucristo por quien hemos recibido ahora la reconciliación, Romanos 3:24-25, 4:25, y 5:11.
¿Cómo escaparemos si descuidamos una salvación tan grande? …Hebreos 2:1-3.
Para entender el sobrenatural y extraordinario hecho de la SALVACIÓN, la Escritura incluye términos que nos ayudan a entender la anchura, profundidad, excelencia, importancia y valor de la salvación gloriosa en el amor de Dios al libertarnos en Cristo y que veremos a continuación.
Ojalá todos entendieramos y valoramos el poder y la profundidad de la salvación que Jesucristo nos regaló. El hombre sin Dios hace sus propios planes, sigue sus propios consejos y vive bajo sus propias reglas, pero en realidad fuimos creados para la comunión y amistad continua con Dios; vivir desligados de nuestro Creador mantiene al género humano en una insatisfacción constante y un vacío cósmico interior insaciable que es solamente llenado a plenitud por Jesucristo. La humanidad sin Dios mantiene a las personas en una continua decadencia sin esperanza, lo cual exige que el hombre se reconcilie con su Creador y Salvador, así fue que el Salvador vino a darnos las Buenas Nuevas de salvación con su vida, lo cual Él ratificó al citar Isasias 61 en Lucas 4:18-19 y a nosotros se nos encomendó con La Gran Comisión para que todos conozcamos acerca del Reino de Dios y con nuestra vida en Cristo lo traigamos a la tierra, para que muchos crean y abandonen el pecado y se convertan a Dios que es salvación, lo cual indica sanos del cuerpo, rescatados del alma y vivos en el espíriru. Jesucristo es el Evangelio vivo, la palabra hecha carne que nos da plenitud. Porque YHWH ha saciado el alma sedienta, y ha llenado de bienes al alma hambrienta, Salmos 107:9.
Desde la caída del hombre en el Huerto del Edén hasta hoy, el Eterno Dios está interesado en la vida y el fin eterno de la humanidad para que muchos sean salvos eternamente. El Creador y Salvador nos quiere a cada uno en particular como personas que lo aman y caminan con El para honrarlo haciendo su voluntad y viviendo una vida íntegra basada en el amor; por eso el Padre envió a su Hijo Jesucristo para darse a conocer y que Él sea el centro de nuestra cotidianidad, que Dios sea la brújula que nos garantíza dirección y seguridad para ser guardados aqui y preservados eternamente junto a Él. El Hijo de Dios nos dejó instrucciones y ejemplo de vida en Él y su palabra con el fin de acercarnos y reconciliarnos consigo mismo, Jesucristo proveyó la propiciación expiatoria cumpliendo en Él la ley que nosotros no podiamos llevar a cabo en su totalidad; Él tomó nuestro lugar para renovar nuestra manera de pensar, volvernos a tener como su propiedad, y darnos el nuevo pacto en su sangre, muerte y resurrección para luego regresar a su reino a prepararnos un lugar con Él para siempre. Entonces Jesucristo, les dijo: YO SOY la resurrección y la vida. El que cree en Mí vivirá, aunque muera; y todo el que vive y cree en Mí no morirá para siempre. ¿Crees esto? Juan 11:25-26.
No había otra manera de erradicar el efecto de la desobediencia en el Edén, ni vencer la carga insoportable del pecado, ni la deuda impagable de la culpa para evitar ser echados al fuego eterno, únicamente por el sacrificio del Hijo de Dios, ¿Cuánto más la sangre de Cristo, el cual por el Espíritu eterno se ofreció así mismo sin mancha a Dios, limpiará nuestras conciencias de las obras de muerte para que sirvamos al Dios vivo? Así que, por eso Él es mediador del nuevo pacto, para que interviniendo muerte para remisión de las rebeliones que había bajo el primer pacto, y que los que somos llamados recibamos la promesa de la herencia eterna.” Hebreos 9:14-15. La única solución de rescate era la vida del inocente y puro Cordero de Dios a cambio de la vida de los viles y sucios pecadores.
La importancia, grandeza y profundidad de nuestra salvación es tan extraordinaria y sencilla a la vez, que solamente la podemos entender y vivir conociendo al Hijo de Dios y su Manual de Vida la Biblia; solo así desarrollamos fe obediente a sus instrucciones, para seguir el ejemplo de integridad y santidad de nuestro Redentor, el único que nos rescata de la condenación y nos da la oportunidad de una vida renovada, Porque así como por la desobediencia de un hombre (Adán) los muchos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno (Jesucristo), los muchos somos constituidos justos, Romanos 5:19.  Adentrémonos en esos conceptos que contempla la salvación, veamos:
1. La gracia. Porque por gracia somos salvos por medio de la fe; y esto no de nosotros; pues es un don de Dios; no por obras para que nadie se gloria, Efesios 2:8-9. Somos justificados gratuitamente por su gracia, por medio de la redención que es en Cristo Jesús, Romanos 3:24. La gracia salvadora de Dios es confirmada cuando Cristo se dio voluntariamente por la raza humana como un regalo de vida, y un favor redentor inmerecido, donde el Hijo se despojó de su trono de gloria y bajó del cielo para ser Hijo del Hombre sacrificándose por nosotros con el fin de evitarnos la terrible sentencia del juicio y la ira divina contra el pecado que condena al pecador a causa de su maldad; tan sencillo como creer con fe en Jesucristo nos hace salvos gratuitamente en la bondad de YHWH que escogió rescatarnos en vez de darnos la espalda ni dejarnos a nuestra suerte, EL Padre, no nos abandonó, sino que nos socorrió y nos salvó por amor; La gracia y la verdad vinieron por medio de JesucristoJuan 1:17-18, Hechos 15:11, Romanos 5:1-2, 6-8, 20-21 y Rom. 8:1-4, Efesios 1:7, Tito 2:11 y 3:7, 2 Timoteo 1:9-10. Ya no vivimos por la ley ni para la ley vivimos por gracia para Dios, Romanos 7:6.
2. Propiciación. Cristo mismo es la propiciación por nuestros pecados, y no solo por los nuestros, sino también por los del mundo entero, 1 Juan 2:2. Cristo como el Cordero de Dios fue el perfecto sacrificio vivo sobre el propiciatorio del áspero madero de la cruz por ser el único indicado, favorable, adecuado y propicio ante YHWH para cubrir completamente nuestras faltas, pues solo Él es santo, el único inclinado completamente al bien y la bondad aplacando la ira del Padre quitando la maldición que traíamos desde el Edén y garantizando nuestra salvación, Porque lo que Cristo hizo es reconocido en el cielo, y si la sangre de Abel clamaba desde la tierra al cielo por justicia, ahora la sangre de Cristo clama desde el cielo frente al rostro del Padre para rodearnos de misericordia y salvación. Isaías 53:5, Romanos 3:25 y 1 Juan 2:1-2, 4:10 y 1 Corintios 15:22. Si el Santo lo dió todo, hasta su propia vida, a nosotros nos corresponde creer, tener fe en lo que Él dice e hizo, vivir sus instrucciones y cambiar el rumbo torcido de nuestra vida, yendo tras los pasos del Maestro.
3. Sustitución e imputación. Para que se cumpliera lo que fue dicho por medio del profeta Isaías cuando dijo: Él mismo tomó nuestras flaquezas y llevó nuestras enfermedades, Mateo 8:17. El Hijo del Hombre tomó nuestro lugar sustituyéndonos en la cruz, Cristo se hizo responsable de todo nuestro pecado y cargó el peso de nuestra inicua deuda; a Jesucristo se le atribuyó toda nuestra maldad, se le culpó y se le condenó a ser crucificado, inmolado y traspasado para morir a cambio de nosotros que estábamos perdidos como ovejas sin pastor, y que no se nos tuviera en cuenta ni se nos contara toda nuestra transgresión, haciéndonos así volver al redil para ser guiarnos por su voz en este mundo cruel, Mateo 20:28, Romanos 8:3, 2 Corintios 5:21, 1 Pedro 2:23-25 y Hebreos 9:26-28. 
Él fue herido por nuestras rebeliones y por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre Él, y por sus llagas fuimos curados. Todos nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; pero YHWH cargó sobre Él todos nuestros pecados… Cuando haya puesto su vida en expiación por el pecado, vera linaje, vivirá por largos días, y la voluntad de YHWH será en su mano prosperada, Verá el fruto de la aflicción de su alma y quedará satisfecho; por su conocimiento justificará Mi Siervo justo a muchos, y llevará las iniquidades de ellos…por cuanto derramó su vida hasta la muerte, y fue contado con los pecadores, habiendo Él llevado el pecado de muchos, y orado por los transgresores. Isaías 53:5-12.
4. Expiación. Por lo cual debía ser en todo semejante a sus hermanos, para venir a ser misericordioso y fiel sumo sacerdote en lo que a YHWH se refiere, para expiar los pecados del pueblo. Hebreos 2:17. Cristo fue el perfecto chivo expiatorio y sacrificio santo por nuestra culpa, limpiándonos de toda suciedad y eliminando la enemistad con el Padre arreglando el conflicto entre Creador y criatura al quitar toda mancha con su sangre para venir a ser El Gran Sumo Sacerdote desde el lugar santísimo intercediendo en forma de ofrenda viva y glorificada, que absolvió la sentencia de muerte eterna pasando por alto nuestras transgresiones. Levítico 16, Romanos 3:25.
Cristo el holocausto santo y Cordero Pascual sufrió el día de la expiación, y al morir  destruyó el poder del diablo sobre nosotros, rompió el velo de arriba hacia abajo para franquear el abismo que nos separaba del Padre a causa e nuestras impurezas, Cristo es el puente vivo que nos acerca a su reino de luz perpetua. Cristo fue el Azazel que llevó lejos de los ojos del Padre toda nuestra inmundicia, movido por su piedad y misericordia pasó por alto nuestra rebeldía y olvidó para siempre nuestra desobediencia y recibimos su salvación cuando decidimos vivir en Él, por Él y para Él, Levítico 16:5-11, Marcos 5:37, Juan 1:29,Efesios 1:7. Hebreos 10:8-10. Cuanto esta lejos el oriente del occidente, hizo alejar de nosotros nuestras rebeliones. Como el Padre se compadece de los hijos, se compadece YHWH de los que le temen. Porque Él conoce nuestra condición; se acuerda que somos polvo. Salmos 103:12-14.
5. Remisión. Porque esta es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada para remisión de los pecados, Mateo 26:28. Cristo pagó la deuda que no podíamos pagar para ser libres de la maldición y el pecado,Él se hizo maldición al ser colgado de un madero para poder redimirnos y que volviéramos a ser su posesión como al principio de la creación y no seguir siendo esclavos; nuestro rescate estaba en el precio de su sangre, muerte y resurrección para liberarnos del peso de la ley del pecado y la ley que nos señalaba transgresores y nos mantenía bajo una vida sin significado ni sentido, pero ahora en Cristo somos libres y perdonados para servir a Dios y esperar nuestra redención definitiva. Romanos 3:24, Efesios 1:7, Colosenses  1:14, Apocalípsis 5:9. Nuestra redención merecía un rescate sobrenatural y santo pagado por una vida limpia y santa, el único mediador de un nuevo y mejor pacto que el antiguo, Cristo, Testador muerto y resucitado para dar vida y herencia. Hebreos 9:15-22 y 10:18.
Ahora tenemos vida, salud y salvación, y no somos deudores de una cuenta imposible de pagar por ningún ser humano. Jesús nos quitó toda carga y anuló todo derecho legal que el enemigo tenía contra nosotros; Cristo al ser sacrificado y resucitado, cumplió en sí mismo toda la ley que no estábamos en capacidad de llevar a cabo, depositando a nuestro favor ganancia de vida nueva en el banco celestial, Deuteronomio 15:1-2, Gálatas 3:13, 4:5, 1 Pedro 1:18-20,
6. Redención. Porque el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para dar su vida en rescate por muchos, Marzo 10:45. Éramos esclavos y siervos de la carne,  las tinieblas,  la manipulación y engaño del adversario que nos acusaba continuamente delante del trono de Dios y nos hacia ver como proscritos y bastardos alejados de nuestra patria celestial y poniéndonos bajo el yugo del dolor y la muerte. Al salvarnos Cristo nos rescató de la explotación de satanás transportándonos de la tinieblas a la luz de su reino admirable. Juan 8:12, 1 Pedro 2:9.
Con la salvación Jesucristo nos dio una nueva oportunidad para vivir en la luz de la santidad y permanecer en su reino, nos compró con el precio de su vida y su sangre al dejarse moler, vituperar y ser condenado a muerte. Él absorbió el cautiverio condenatorio abriéndonos un camino nuevo y directo al lugar santísimo para que podamos entrar en oración ante el Padre en su nombre y en Él podamos ser grato olor fragante con el aceite fresco y el vino nuevo de su Espíritu morando en nosotros y produciendo frutos de arrepentimiento y labios que confiesan su nombre predicando su evangelio de amor con testimonio y libertad. Lucas 24:21, Juan 1:14, Éxodo 25:8-9; Colosenses 1:13-14; 1 Corintios 1:30; Gálatas 3:13, Romanos 3:24, y Hebreos 9:12. Salmos 130:7-8.
7. Justificación, Y Cristo fue entregado por nuestras transgresiones y resucitado para nuestra justificación, Romanos 4:25. Cristo es nuestra justicia con su perfecta obediencia al Padre, por su sangre derramada, probó la grandeza de su amor y la profundidad de sus salvación; el Dios santo y justo tomó la forma de hombre y nosotros recibimos su justificación por gracia, arrepentimiento y fe. El Hijo nos declaró justos e inocentes delante del Padre cuando éramos impíos pecadores que merecíamos el castigo que Cristo padeció, el justo por los injustos. 1 Corintios 1:30, Romanos 5: 9 y 19, 3:24-25 y Romanos 4:25, Romanos 10:9-10.
Jesucristo nos unió al Padre y Él nos ve perfectos a través de su Hijo; en su paciencia nos ha hecho merecedores de su perdón y su paz al liberarnos de su ira, su castigo y sus juicios cuando nos arrepentimos y recibirnos a Cristo como nuestro Dios Salvador, ahora aunque somos bendecidos también compartimos sus sufrimientos. Cristo nos exoneró de seguir siendo reos culpables sentenciados a muerte, el Justo resucitó y nos justificó para vida abundante y eterna. El Padre nos dio un Abogado perfecto y nadie nos podrá condenar ni hacer frente, ningún arma forjada contra nosotros prosperará, no estamos solos ni indefensos en el mundo, Cristo es nuestra Roca y Torre Fuerte, nuestro escondedero contra todo mal, vivimos bajo su abrigo y ninguna plaga mi peste destructora nos podrá dañar porque Cristo nos libra del lazo del cazador, Jesucristo es el Tabernáculo vivo en medio de su pueblo para que habitemos en el reino de su presencia, Salmos 91, Hechos 13:39, Romanos 3:24, 5:16-18, y Romanos 10; 1 Corintios 1:30, 2 Corintios 3:9 y 5:21, Colosenses 2:8-15, Gálatas 5:1, Filipenses 3:15 y Hebreos 9:11 y 24.
8. Reconciliación. Y todo esto proviene de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por Cristo, y nos dio el ministerio de la reconciliación, 2 Corintio 5:18. Éramos enemigos de Dios a causa del pecado y la maldición que traíamos desde el Edén, andábamos alejados del Padre, como extraños y excluidos de nuestra comunión, pero Elohim con su gran amor con que nos amó, nos reconcilió consigo mismo en su Hijo, y nos trajo una nueva relación de hijos, amigos y familia para permanecer en la Casa del Padre, reconociendo a Jesús como SEÑOR y Salvador, alineados a su diseño original para vivir juntos en armonía y vida nueva en Cristo. Romanos 5:10-11.
Con la salvación de Jesucristo terminó el conflicto entre Dios y los hombres, permitiendo que el reine en nuestro corazón. El Padre nos recuperó como éramos al principio, Cristo reconquistó la comunión de los hijos con el Padre, y construyó una nueva relación que nos acerca a Él y nos mantiene en la familia de de Dios. 2 Corintio 5:18-20, Efesios 2:16-17.
Cristo nos cambia por fe cuando creemos en el sacrificio del Hijo para restaurar la relación rota que cada uno teníamos con Dios, ayudándonos a mantener en intimidad en Él; en Cristo recuperamos el compañerismo  que se había perdido con la caída y la expulsión del Edén; por medio del nuevo pacto en su sangre dejamos de ser enemigos de Dios; si somos tentados, podemos ser fortalecidos en Él para vencer, si caemos, confesamos nuestros pecados, nos arrepentimos, le damos la espalda al pecado  nos reconciliamos con Dios por medio del Espíritu Santo para seguir caminando tras las pisadas de Jesús cultivando viva nuestra relación íntima con el Amado, con libertad para adorarlo y buscarlo en oración. Lucas 19:10, Colosenses 1:18-23 y 2 Corintios. 5:18-19. Salmos 103:12
9. Adopción, Para que redimiera a los que estaban bajo la ley, con el fin de que recibieran la adopción de hijos, Gálatas 4:5. Dios en su infinita soberanía nos injerto en la vid verdadera cuando estábamos bajo la ley del pecado; éramos ramas silvestres, advenedizos ajenos a su gobierno y las bendiciones divinas; Jesucristo restauró nuestro sentido de pertenencia siendo El Mayor entre muchos hermanos colocándonos en la familia de Elohim; Él nos hizo sus hijos, coherederos con Cristo de sus abundantes promesas y ricas bendiciones. Gálatas 4:5-6, Efesios 1:5 y Romanos 8:15-17-23. El Eterno nos adoptó como hijos para dejar de ser extraños a su presencia y forasteros en su reino, con el nuevo nacimiento por la fe en Cristo podemos llamarlo Padre Nuestro y sentirnos hermanos de Jesucristo porque nos unió en un solo cuerpo, su Iglesia. Mateo 6:9, Marcos 3:34-35 y Efesios 3:6.
Somos nueva creación, familia de Dios, tenemos identidad y sentido de pertenencia sellados con el Espíritu Santo como propiedad del Padre y herederos de su reino y tenemos poder y autoridad en su nombre; Cristo nos hizo nación santa, real sacerdocio y pueblo adquirido por Dios, para ser amados, enseñados, corregidos, disciplinados, formados y madurados en Él y para Él, Dios mismo nos escogió¸ Ahora somos linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, y pueblo adquirido para posesión de Dios, a fin de que anunciemos las virtudes de Aquél que nos llamó de las tinieblas a la Luz Admirable, 1 Pedro 2:9. Por todo esto debemos caminar como hijos obedientes, separarnos del mal, sujetos a su autoridad y palabra, y a pesar de todo, esperar sufrimientos como parte del proceso restaurador, regenerativo y santificador para guardar nuestra salvación hasta el último día, haciendo lo recto, amándonos uno a otros y protegidos del maligno Por tanto, es necesario que con más diligencia atendamos a las cosas que hemos oído, no sea que nos deslicemos… ¿Cómo escaparemos nosotros, si descuidamos una salvación tan grande? Hebreos 2:1-4. 1 Juan 2:29, 4:7 y 5:18.
10. Restauración y Regeneración, Cristo nos salvó sin que nosotros hubiéramos hecho nada bueno, sino por pura misericordia, por medio del lavamiento de la regeneración y la renovación por el Espíritu Santo, Tito 3:5. Cuando nacemos de nuevo, Cristo nos hace renacer espiritualmente por su poder, reparando los daños que había en el templo de su Espíritu Santo, el cual somos cada uno de los redimidos. Cristo nos revive el espíritu, nos salva el alma y nos sana el cuerpo, pues estábamos muertos en nuestros delitos y pecados. Él nos devolvió a la vida con gozo y paz interior, Cristo nos reconstruyó como casas nuevas y templos vivos donde vive la presencia de su Espíritu. Cristo restauró y regeneró nuestra identidad de hijos de Dios hechos a su imagen y semejanza, para ser personas sabias, pensantes y con sentido de vida, nos dio una misión y un propósito para cumplir una función en su reino. Juan 3:5-8, Colosenses 2:13, 1 Pedro 1:3.
Cristo nuestra Pascua, nos salvó y nos hizo nuevas criaturas, para volver al estado original de pureza, haciendo morir al viejo hombre carnal y resucitar al espiritual. Dejamos de estar muertos para Dios y volvemos a estar vivos para Él, pero muertos al pecado en una nueva moralidad de principios y fundamentos de vida a la manera de Dios y no en las costumbres del mundo ni amañados a nuestro parecer sensorial. Limpiémonos, pues, de la vieja levadura, para que seamos nueva masa, sin levadura como somos; porque nuestra pascua, que es Cristo, ya fue sacrificada por nosotros, Isaías 64:8, Jeremías 18:1-9, Romanos 9:20-24 y 1 Corintios 5:7.
Eramos vasijas rotas por los golpes del mundo, eramos barro burdo y vasos de deshonra para el Santo Dios, pero Él mismo en su Hijo nos restauró y nos hizo vasijas nuevas, resplandecientes y llenas de su Luz para ser causa de gloria y alabanza a su nombre usadas para cosas grandes en su casa y adoradores hasta el final para  su palacio celestial por siempre. 2 Corintios 4, Salmos 18:35-36.
Por la fe en la conversión del nuevo nacimiento se produce un cambio instantáneo que transforma nuestra vida interior, resucitamos a la vida espiritual real y eterna, saliendo del reino de satanás al reino de Dios, dejamos de ser hijos del diablo y ser hijos de Dios. Mateo 19:28, Romanos 11:12, Juan. 5:21 y Gálatas 6:15. Así como los Israelitas celebraron la pascua con sangre en los dinteles de las puertas para liberarlos del ángel de la muerte, Cristo con su sangre nos libertó de la muerte eterna y nos guarda hoy con su salvación de la muerte eterna con un nuevo estilo de comportamiento, manera de pensar y conducta para preparándonos en vida para llegar a la tierra prometida de la Jerusalén celestial, Éxodo 12, 1 Corintios 5:7
11. Santificación…Y esto eran ustedes; pero ya han sido lavados, ya han sido santificados, ya han sido justificados en el nombre del SEÑOR Jesucristo, y por el Espíritu de nuestro Dios, 1 Corintios 6:11. Hablar de santificación es hablar de santidad, nuestra vida cristiana es un continuo proceso vital de perfección y limpieza hacia la plena santidad y pureza, mientras peregrinamos en esta tierra; somos llamados santos y guiados por el Espíritu de Dios; estamos escondidos en Él para alcanzar cada día la estatura de Cristo, apartados para el Padre como su morada santa para vivir en integridad y plenitud hasta que Cristo regrese por segunda vez o cuando quiera llamarnos a su presencia, Hebreos 12:14 y 13:11-12, 1 Corintios 6:19-20, 2 Tesalonicenses 2: 13-14, 1 Corintios 1:30.
La santificación es producida a lo largo de toda nuestra vida mediante la sangre de Cristo cada vez que nos arrepentimos cuando pecamos y pedimos el perdón del SEÑOR, Hebreos 10:29, nos santificamos por el Espíritu Santo que habita en nosotros, Romanos 15:6; por la fe que profesamos y nos impele a ser santos, Hechos 26:18, mediante el estudio y la vivencia de la palabra de Dios, Juan 17:17-19, por la obra que Dios hace en nosotros, 1 Tesalonicenses 5:23, poniendo nuestra voluntad obediente para resistir el pecado, 1 Tesalonicenses 4:3-7, resistiendo al enemigo y sometiéndonos a Dios. Santiago 4:7-10.
En la medida que conocemos a Dios y su palabra podemos vivir frutos dignos de arrepentimiento llenos del fruto del Espíritu, negándonos cada día a la carne y muriendo al viejo hombre, pues ya no vivimos nosotros, sino que Cristo vive en cada creyente, Gálatas 2:20, Romanos 6: 19 y 22.
12. Glorificación. Entonces los justos resplandecerán como el sol en el reino de su Padre. El que tiene oídos que oiga, Mateo 13:43. Nuestra glorificación es el último paso de la salvación, así como el Redentor resucitó dejando la tumba vacía y subió al cielo glorificado en cuerpo, alma y Espíritu, los que hayan muerto en Cristo y los que quedemos en la tierra, seremos glorificados en Él con la extracción final del pecado que se iniciará con el sonido de la trompeta final, 1 Tesalonicenses 4:13-18; luego se celebrará en los cielos las Bodas del Cordero donde recibiremos coronas y seremos semejantes al Cristo glorificado, nuestro cuerpo será transformado en un abrir y cerrar de ojos, 1 Corintios 15:52-55, Porque si somos hijos, también somos coherederos con Cristo, si en verdad padecemos con Él a fin de que también seamos glorificados con Él, Romanos 8:17. Juan 14:3, Filipenses 3:20-21 y 1 Corintios 15, Colosenses 3:4. 
Todos estos aspectos contienen la profundidad, grandeza y misericordia del Padre al salvarnos en su Hijo; lo que Cristo logró para nosotros con su venida, sacrificio, muerte y resurrección es verdaderamente extraordinario y no tiene comparación. El tratamiento de nuestros pecados en la cruz es una obra cuyo diseño inteligente y celestial es perfecto, divino y lleno de amor. No fue un simple hombre el que murió en la cruz, fue Dios mismo en forma de Hombre, el eterno Emanuel, Dios con nosotros. No fue un ser creado muriendo en la cruz, sino el eterno, único, perfecto y santo gran YO SOY, el Alfa y la Omega, el Alef y el Tav, Principio y fin de todo, SOLO ÉL ES DIOS Y SALVADOR, solo Él es nuestro Dios. 1 Pedro 1:8-20.
No esperes más, ríndete y entrégate a Cristo, HOY es el día aceptable de salvación para ti. 2 Corintios 6:2, Isaías 49:8.
Mg. MEHC hija del Dios vivo, real y verdadero y servidora de su reino eterno.

 

 

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